componer, producir, crear 11
Componer, producir, crear (11)
El escuchar siempre ha estado vinculado a lo más profundo del ser. En el Antiguo Testamento Dios habla mas no es visto. No debe pasarse por alto que en origen del verbo oir está el obedecer. Escuchar plenamente es en primer lugar una obediencia que rendimos a la realidad. En uno de sus escritos, y al referirse a la poesía, Octavio Paz hace notar “que no basta la boca para el canto hace falta ser también el oído…”.Nuestra cultura, sin embargo, posee una inflación de imágenes en detrimento del escuchar y del silencio que es su condición necesaria. Erich Neumann, discípulo de Jung, distingue dentro de la persona como una de las más profundas instancias de la psique lo que llama la “voz”, en oposición al “superyó” que suele representar las pautas de la civilización. Y David Riesman habla del “remanente salvador” para referirse a ese sustrato que permite que las personas no se limiten a actuar siguiendo dictados ajenos. No creo que sea una casualidad que una cultura que fomenta la idea según la cual la realidad es un material maleable por la voluntad de poder y , por tanto, nada existe más que en la condición de construido, nos aleje del escuchar aun cuando, naturalmente, nos satura de ruidos.
El escuchar como un acto que brota del respeto al ser, del silencio y de la paciencia se aviene mal con una civilización donde la misma idea de ser es rechazada y, en su lugar, proliferan “imágenes” de la realidad y opiniones acerca de la misma a la vez que rinde culto a la velocidad. Donde proliferan los ruidos no oímos, de la misma forma que donde proliferan las imágenes, no vemos. Existe una actitud en donde el escuchar y el contemplar confluyen, y se escucha viendo y se contempla escuchando, por decirlo así. Entonces reparamos en que los sentidos son los aliados del espíritu y no sus enemigos. Contemplar, escuchar, tocar, son también actos espirituales como lo prueban las innumerables metáforas que existen en todas las lenguas. Lo experimentamos cuando nuestra vida se remansa. Lo experimentamos en el amor y en la alegría. Lo experimentamos en aquellos momentos en que nada es producido y, paradójicamente, todo parece hecho, y pleno de sentido. La creación artística es un catalizador de ese estado que conocen los niños y los que contemplan con asombro cuanto les rodea.
Réne Char, que combatió en la resistencia, conocía muy bien ese estado en que el hombre, dispensado del hacer y del producir, se limita a albergar y a conservar. La tierra entonces deja de ser el tablero de ajedrez de la batalla Geo-política, para convertirse en “Gea”, madre. Tal vez peque de ingenuidad al decir esto, más para los que así piensan deben reparar en que incluso los soldados necesitan treguas. También los hombres. Es en esos momentos donde descubren que se juegan en la batalla y por qué razón. Es en esos momentos donde pueden escuchar lo que escribió el poeta de la resistencia: ”Se conservador de los infinitos rostros de lo viviente”.
Javier Estangüi Ortega
Componer, producir, crear (11)
El escuchar siempre ha estado vinculado a lo más profundo del ser. En el Antiguo Testamento Dios habla mas no es visto. No debe pasarse por alto que en origen del verbo oir está el obedecer. Escuchar plenamente es en primer lugar una obediencia que rendimos a la realidad. En uno de sus escritos, y al referirse a la poesía, Octavio Paz hace notar “que no basta la boca para el canto hace falta ser también el oído…”.Nuestra cultura, sin embargo, posee una inflación de imágenes en detrimento del escuchar y del silencio que es su condición necesaria. Erich Neumann, discípulo de Jung, distingue dentro de la persona como una de las más profundas instancias de la psique lo que llama la “voz”, en oposición al “superyó” que suele representar las pautas de la civilización. Y David Riesman habla del “remanente salvador” para referirse a ese sustrato que permite que las personas no se limiten a actuar siguiendo dictados ajenos. No creo que sea una casualidad que una cultura que fomenta la idea según la cual la realidad es un material maleable por la voluntad de poder y , por tanto, nada existe más que en la condición de construido, nos aleje del escuchar aun cuando, naturalmente, nos satura de ruidos.
El escuchar como un acto que brota del respeto al ser, del silencio y de la paciencia se aviene mal con una civilización donde la misma idea de ser es rechazada y, en su lugar, proliferan “imágenes” de la realidad y opiniones acerca de la misma a la vez que rinde culto a la velocidad. Donde proliferan los ruidos no oímos, de la misma forma que donde proliferan las imágenes, no vemos. Existe una actitud en donde el escuchar y el contemplar confluyen, y se escucha viendo y se contempla escuchando, por decirlo así. Entonces reparamos en que los sentidos son los aliados del espíritu y no sus enemigos. Contemplar, escuchar, tocar, son también actos espirituales como lo prueban las innumerables metáforas que existen en todas las lenguas. Lo experimentamos cuando nuestra vida se remansa. Lo experimentamos en el amor y en la alegría. Lo experimentamos en aquellos momentos en que nada es producido y, paradójicamente, todo parece hecho, y pleno de sentido. La creación artística es un catalizador de ese estado que conocen los niños y los que contemplan con asombro cuanto les rodea.
Réne Char, que combatió en la resistencia, conocía muy bien ese estado en que el hombre, dispensado del hacer y del producir, se limita a albergar y a conservar. La tierra entonces deja de ser el tablero de ajedrez de la batalla Geo-política, para convertirse en “Gea”, madre. Tal vez peque de ingenuidad al decir esto, más para los que así piensan deben reparar en que incluso los soldados necesitan treguas. También los hombres. Es en esos momentos donde descubren que se juegan en la batalla y por qué razón. Es en esos momentos donde pueden escuchar lo que escribió el poeta de la resistencia: ”Se conservador de los infinitos rostros de lo viviente”.
Javier Estangüi Ortega