Llámense «relatores» a los desertores.

Una de las características de muchos psicópatas es la ausencia de cualquier vínculo moral o emocional con cuanto contemplan o hacen. Los pueblos pueden ser anestesiados hasta el punto de que ante la inminente amputación de su ser, no reaccionen ni , en ese momento, experimenten dolor alguno. La indiferencia inducida es la mejor anestesia. Crea en las personas una especie de desdoblamiento acompañado de letargia ,de modo que cuanto le hacen a uno da la impresión de que no va con el, es otro , lejano y casi irreal quien lo padece. Naturalmente la víctima previamente anestesiada, cuyos miembros han sido amputados, experimentará dolor cuando aquélla pierda efecto, mas será ya tarde y habrá de padecer las consecuencias de su indolencia, tanto mas, cuanto , a despecho del equipo de propagandistas de la anestesia, en el caso de un pueblo, este podía ver, aunque sus sentimientos estuviesen ya embotados.

Mas el mal se agrava hasta la fatalidad cuando los denominados opositores se limitan a competir para dirimir quien relata con más detalle y mejor el hundimiento de su patria mientras ,rehenes de su vanidad y falta de grandeza, se disputan imaginarias ínsulas baratarias y se dan a tiquismiquis de encaje de bolillos , cuando esta a punto de hundirse el suelo bajo el que pisan. Dan la impresion , como su anestesiado pueblo, de contemplar su hundimiento como quien tras la barrera asiste con desgana a una mala corrida de toros o contempla un aburrido partido de fútbol. Me recuerdan a quiénes se acercan a un precipicio para hacerse un selfie y luego exhibirlo, perdón, relatarlo .

Javier Estangüi Ortega

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