Los procesos de Moscú
La extraordinaria y, en su época, valiente novela de Arthur Koestler «El cero y el infinito» narra muy bien como se desencadenaron dichos procesos. «La revolución devora a sus hijos», se decía. El régimen estalinista procesó y condenó a muerte a muchos de los antiguos revolucionarios de talento como Radek, Zinóviev y Kámenev. «Pequeño burgueses», «saboteadores», «fascistas», «contrarrevolucionarios» fueron las acusaciones más frecuentes arrojadas contra ellos. Acusaciones a menudo tan abstractas como imposibles tanto de probar como de refutar, idóneas para eliminar arbitrariamente a cualquier adversario sin discusión teórica ni moral alguna y que conllevaban la pena de muerte. La aspiración del régimen era librarse del «lastre» del pasado, espejo incómodo para los restos de su conciencia demolida por el cinismo y la ambición de poder. El honor y la dignidad naturalmente eran considerados como antiguallas o rémoras burguesas. «No tenían tradiciones, ni recuerdos que los ligaran con el viejo mundo desvanecido. Generación nacida sin cordón umbilical», escribe Koestler.
Nuestros actuales dirigentes, víctimas de una educación podrida, consentidos y malcriados , atiborrados de lisonjas y caprichos que, a ellos, les han hecho sentirse Lores y ,a ellas, primas Donnas, siendo en realidad unos frívolos Quídam; no son , pese a las apariencias, parricidas, sino los legítimos herederos de esa vieja guardia con infinitamente menos talento que los represaliados por aquellos procesos. Y como estamos en la sociedad de la banalidad y el espectáculo ,sus padres revelan haber confiado , aún con reticencia, en sus descendientes, y éstos, para librarse de los sermones, regañinas y tirones de orejas de los «padres fundadores», les procesan a través de los medios de propaganda, acusándolos de «desleales», «nostálgicos «, «carcamales»y ,poco faltará para que se añada el sambenito de «machistas». Acusaciones hoy equivalentes a las de antaño. Los condenados en los procesos de Moscú fingieron arrepentimiento para salvar su pellejo o el de sus seres queridos. En su fuero interno calificaron de «desviaciones» o «perversiones «la política de sus descendientes . Los actuales ,sin pellejo que salvar, hablan también de «desviaciones». Unos y otros se preguntaron y preguntan cual fue el momento en el cual la rama se «deformó y alejó» del tronco. Ignoraban e ignoran que quiénes hoy mandan despóticamente son su fruto, hijos suyos. Con menos talento y escrúpulos,cierto, mas sus dobles actualizados.
Javier Estangüi Ortega
Da la medida de su vileza y crimen el desprecio y persecución hacia quienes son merecedores y meritorios.