historias que invitan a pensar 23

Historias que invitan a pensar (23)

 

En el libro de Fuerteventura a París, escrito durante su destierro, relata Miguel de Unamuno la carta que recibió de un ex diputado socialista.” Se me decía-escribe Unamuno-que era forzoso atemperarse a la realidad. A lo que contesté que realidad viene de res, cosa, y pueden creer que hay que plegarse a ella los que…opinan que son las cosas las que hacen a los hombres y los llevan; pero los que, como yo, creemos, en el sentimiento histórico de la historia, que son las personas, los hombres, los que hacen las cosas y las llevan no debemos plegarnos a esa realidad material y que conmigo llevé a la isla la personalidad de España.”

He transcrito esta larga cita porque me parece actualmente tan vigente o más que cuando la escribió Unamuno. Frecuentemente oímos hablar y hablamos de sistemas, redes, estructuras y, en realidad, el peso de ese lenguaje contribuye a acrecentar el sentimiento de nuestra  inanidad para oponernos, resistir o, al menos, tratar de atemperar lo que sentimos que inexorablemente se nos impone. La “realidad” impuesta por los poderosos es vivida por el resto como un camino fuera del cual nada es posible y al que sólo se oponen los recalcitrantes  que nos querrían llevar, se acusa, a una regresión y que nos impiden salir del abismo. El  poder no se legitima hoy apelando al progreso ni a la libertad. Son la salida de la crisis y la seguridad las que toman el relevo. El anhelo ha sido suplantado por el temor. Si hoy volviéramos a escuchar los discursos que enarbolaban los tecnócratas al comienzo de Unión europea nos parecerían bromas de mal gusto o creaciones de utópicos afiebrados. Cómo no reconocer hasta qué punto la llamada “crisis” ha empequeñecido nuestro espíritu. Por todas partes, dondequiera que sea, no experimentamos más que temor: a que nos reduzcan el sueldo, a que quiebre la seguridad social, a que retrasen la jubilación, a perder nuestros ahorros, a que nuestros hijos tengan que emigrar. Apenas se necesita ya nada para que admitiéramos gustosos el que nos gobernaran maleantes de la peor calaña con tal de que restituyeran nuestras seguridades y certezas. Hemos llegado a tal extremo de enajenación y de servidumbre que incluso celebramos como grandes logros lo que no son sino adaptaciones serviles a cuanto se nos impone, como por ejemplo sucede en la escuela con las llamadas “nuevas tecnologías”. Por eso me parece que hoy- a pesar de las sonrisas que despierte cuanto voy a decir- el escrito de Unamuno es una llamada patriótica. Tal vez el quijotismo del que hizo gala Unamuno consista en creer que a pesar de los sistemas y las redes y las estructuras, el alma, a la postre, es lo decisivo. El afirmó que en eso residía la personalidad de España. Tenemos precursores. Somos la página de una historia que tensó el arco  y disparó lejos la flecha. Sería una deserción a su memoria dejarla caer a nuestros pies.

 

                           Javier Estangüi Ortega

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