el perpetuum mobile
El perpetuum mobile
No han sido las llamadas “nuevas tecnologías” o los descubrimientos de la biogenética el logro mayor de finales del siglo veinte y principios del veintiuno, sino el descubrimiento del sueño que persiguieron tres y cuatro siglos atrás: el logro del perpetuum mobile. Y ha sido gracias a la revelación insospechada de que habíamos errado en su búsqueda por haberlo perseguido fuera de nosotros: pues el perpetum mobile somos nosotros mismos. Así al igual que las “matrioskas” cada una de cuyas formas encubre otra más profunda, nosotros, gracias al Dios Mercado y su mano invisible, despojados de la tradición, del pensamiento, de los remansos del amor, hemos descubierto nuestro núcleo genuino: el perpetuum mobile, la actividad sin tregua y sin descanso, la irrequietud permanente. Y hemos declarado enemigos a aquéllas rémoras que nos impiden nuestra realización total: la contemplación, la cultura, el rito, la serenidad, la ternura.
He visto a mujeres que hacían “footing” al tiempo que empujaban un carricoche de bebés. He visto a turistas que, en sitios de una belleza que cortaba la respiración, bajaban la ventanilla del coche para tomar unas fotos y salían de estampida. Porque la vida, según la filosofía del perpetuum mobile, no está para ser celebrada sino para ser exprimida. El saqueo del ser humano, el robo de lo que podría llegar a ser, el robo de lo invisible, la limitación del horizonte y el abajamiento del cielo forman parte de la esencia del nuevo hallazgo.Robo que no deja huella, porque ¿Quién echará de menos lo que se le ha sustraído preventivamente?.
El desarraigo, la abolición de las fiestas, el que se multe al ser humano por enfermar, la colonización completa de la mente y del silencio, y la actividad febril incluso en los llamados momentos de “ocio” pertenecen a la esencia del perpetuum mobile. Su muerte, su no poder más, será redefinido como un gran tropiezo.
Javier Estangüi Ortega