Historias que invitan a pensar (47).

En la novela «Dragoon»que Jean Giano dejó por desgracia inconclusa- pues murió antes de acabarla -,el autor narra la invención de una gigantesca máquina, una apisonadora extraordinaria celebrada por todos, mas tan pesada y tan voluminosa que para transladarla de Italia a Francia ha de destruir todas las villas por las que pasa.

No cabe duda de que muchos de los artefactos exhibidos, celebrados y justificados en nombre del sacrosanto progreso han sido caballos de Atila que han devastado a su paso culturas, saberes y tradiciones milenarias, han destruido comunidades y han desarraigado a los hombres con la promesa de un sueño rápidamente trocado en pesadilla. Algunos historiadores han propuesto elaborar una historia desde el punto de vista de las víctimas. ¿Y las víctimas sacrificadas al ídolo del Progreso?. ¿Y los saberes perdidos?. Así, tal vez en vez de quedarnos alelados y boquiabiertos ante cada «novedad»,para luego celebrarla como algo salvífico e implantarla por doquier, deberíamos preguntarnos :¿ Y de que nos despojará?.¿ Cómo serán a partir de ahora las relaciones con los hombres ,con la naturaleza y con nuestra herencia cultural?.

La celeridad con la que se han introducido los ordenadores en las escuelas, por lo demás auspiciada por todos los partidos políticos sin excepción,ha tenido consecuencias: las relaciones se han hecho cada vez mas virtuales, es decir,inexistentes; ha disminuido la capacidad de concentración, se han resentido la lectura y la escritura ,se ha solapado la enseñanza con el entretenimiento y la investigación con ese recortar y pegar de cuanto hay vertido en Internet.Siquiera esto debería alarmarnos y hacernos reflexionar. El ídolo maravilloso de ayer se nos muestra ahora en una faz insospechada. La épica puede transformarse en elegía por lo perdido. A quiénes nos quieran seducir con loas ciegas a la «novedad» y soliciten nuestro asentimiento inmediato . «¿Acaso no cree usted en este artefacto tan maravilloso,milagro del Progreso?», podríamos al menos responderles con Georges Duhamel:»Creo en las cosas lo necesario para ser su dueño, no lo bastante para ser su esclavo». Mas las cosas de ayer hoy son sistemas, ¿ Y quien es dueño de un sistema?.

Javier Estangüi Ortega

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