Los «Lunáticos»

Apesadumbrados ,mas con suficiente vigor aún para actuar en vez de ser espectadores y víctimas de su propio naufragio, los partidarios del sentido común a quiénes ni los «hunos» ni los «otros» de los que hablara el maestro Unamuno, habían logrado diezmar por completo, decidieron reunirse para elaborar un programa mínimo , expresión de los así llamados ciudadanos en defensa del sentido común, rebautizados como lunáticos por sus detractores y los medios de propaganda subvencionados.

El cónclave, tras horas y horas de reunión que estuvo a punto de acabar en abierta gresca, tuvo un final feliz; pues ante tal situación de emergencia se impuso el susodicho sentido. Los egos ,milagrosamente quedaron relegados y se nombró a un portavoz que expuso en una minoritaría rueda de prensa los acuerdos a los que habían llegado, y que yo aquí humildemente me limito a transcribir:

-Los dirigentes tratarán de no provocar hilaridad. No causarán risa sus compadecencias ,ni vergüenza ajena, ni serán el hazmerreir de las personas que aún tengan un ápice de sentido común.

-No se hablará de la nación como si fuera una marca.

-Es urgente y necesario no confundir la política con el teatrillo.

-Se evitarán los partidos de camuflaje. Es decir , quiénes pregonan una cosa y hacen otra ,o quiénes camuflan sus vergüenzas con los paños de nobles ideales. Es preciso volver a llamar al pan pan y al vino vino. (Aquí, seguramente un académico con pretensión de lucirse, recordó a Víctor Hugo «Di vida a las palabras, llamé cerdo al cerdo, ¿Por qué no habría yo de hacerlo?»).

-Se evitaría en lo sucesivo suscitar debates sobre sandeces.

-Los nuevos dirigentes habrían de pasar una reválida que acreditara su capacidad de formar al menos tres frases con sentido,buena sintaxis y concordancias en género y número.

-Tales dirigentes habrían de conocer la historia de su nación y acreditarían tener algún oficio. El haberse dedicado a politiquear durante años, sin realizar otra actividad, sería considerado una grave rémora para desempeñar cargo alguno.

-A los nuevos dirigentes habría de importarles un bledo los titulares de los periódicos , así como los mocos verbales vertidos en las redes donde quedan atrapados tantos pececillos.

-El presidente del gobierno y sus ministros habrían de ser orgullosos con los poderosos y humildes con los menesterosos.

Asuntos esenciales, como el de un sistema electoral realmente representativo o el de una auténtica separación de poderes, la asamblea decidió dejarlos en manos de hombres más circunspectos y sesudos.

Nada mas darse a conocer estos acuerdos, salieron a la palestra un buen número de detractores y críticos de los mismos entre quiénes estaban muchos nombres conocidos por su relevancia pública, de los que los medios se limitaron a dar sus pseudónimos y de los que, sin embargo, conviene aquí dar sus verdaderos nombres: Don Pacotillero, Doña Mitinera, Don Adrollero, Don Zorocotroco, Don Sin Escrúpulos, Doña Huera, Don Logrero, Don Agiotista, Doña Pegatina y Don Cinicus (celebrado entre los suyos como «Don Invictus). Naturalmente las cadenas de televisión echaron mano de reputados psiquiatrás para que explicaran cómo era posible , con tales probos e inteligentes dirigentes,tal «epidemia» (esa fue la palabra empleada) de lunáticos. Y tales expertos, maestros del do ut des, cambiaron sus cinco minutos de gloria en la pantalla por cuanto les era requerido.

Se me olvidaba relatar que tales dirigentes, felizmente venidos a menos,por caridad cristiana, no serían sometidos a vejación alguna, ni se les impediría ejercer cualquier otra profesión, si bien muchos cazatalentos ya los adivinaban engalanados de payasos de las bofetadas o de figurantes en telenovelas.

Javier Estangüi Ortega

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