El regreso de la tragedia
No son pocos, ni insignificantes ,los autores que hace años escribieron sobre la ausencia de la tragedia en la nuestra sociedad y, por ende, en la literatura. La exaltación de la banalidad, la entronización de la trivialidad, la desmedida relevancia otorgada al periodismo , la instauración de la sociedad del espectáculo y el bienestar , la ciega confianza en el progreso, habrían privado a la tragedia de la importancia que tuviera antaño. Todo lo más, lo trágico estribaría precisamente en la ausencia de tragedia , en las vidas de cada uno de nosotros, siempre sometidas a los azares y a las leyes del dolor, la pérdida y el tiempo.
Las generaciones que vivieron sus mejores años sin padecer ni la primera guerra mundial, ni los estragos de la guerra civil y la postguerra, ni la segunda guerra mundial , tuvieron la suerte de gozar de una existencia vetada a sus padres y abuelos ; y la desgracia de dejarse embriagar por el anestésico de una forma de vida cuyos logros fueron mas fruto de una herencia, repleta de sacrificios y penalidades, que de los propios esfuerzos. Hoy pagamos por esa ceguera y esa falsa seguridad , casi siempre fruto del embotamiento del alma y de la pereza. Degradamos la tierra a la condición de recurso y el sacrificio a estéril masoquismo. Cultivamos un hedonismo de niños mimados y una pseudocultura donde el academicismo pedantesco competía con la intoxicación ideológica. Bautizamos como tolerancia lo que no era sino molicie y falta de carácter para defender lo justo. Consentimos a mediocres sin escrúpulos erigirse en líderes.
Hoy el envenenamiento de la tierra, la plaga de un crecimiento espoleado por falsas «necesidades», la falta de talla de nuestros dirigentes, la cultura sustituida por la instrucción y esta por el entretenimiento , la brutalidad creciente y tantas otras cosas, nos han sacudido hasta las raíces,obligándonos a despertar de ese sueño de «bienestar» que creímos sempiterno. Frente a la envergadura del envite de este tiempo estamos ante la encrucijada de una dictadura mundial , que no hará sino causar un sufrimiento comparado con el cual Treblinka y Auschwitz serán una bagatela, o bien una conversión de nuestro modo de vida. Ni las epidemias ni los automóviles eléctricos nos sacarán de esta condena convertida ya casi en fatalidad. La esperanza, el amor por la vida y la belleza harán mucho mas que cualquier vacuna o batería. Sea como sea el monstruo y la tragedia han emergido de nuevo,¡Y cómo!, sacudiendo nuestros plácidos sueños .
Como bien dices, cuanto más idolatremos menos creeremos. Hemos de desatarnos de todas las leyes injustas y encararnos todos contra la dictadura mundial para conquistar cada día nuestro libre albedrio, recorrer nuestro destino, enbebernos de vida y encontrarnos con nuestra esencia trágica.