Ruinas
Existe toda una poética sobre las ruinas y numerosos libros consagrados a éstas.Aquí me limitaré a trazar círculos cada vez mas amplios en torno a las mismas . En primer lugar podemos hablar de un hombre arruinado para referirnos a una situación de completa quiebra material, frecuentemente relacionada con quien ha gozado de una alta posición social. Mas también decimos «¡Este hombre es una ruina!», aludiendo a la irreparable condición de postración anímica o moral en la cual ha sucumbido tal sujeto. En ambos casos, sean cuáles fueren las causas de tal caída, solemos sentir conmiseración y aflicción por tales hombres, especialmente si su sobrevenida desgracia no guarda vínculo alguno con la soberbia, la crueldad, o la arbitrariedad del ejercicio de un poder tan desmedido como despótico. Al fin y al cabo unos y otros nos recuerdan nuestras debilidades,nuestra condición y, en último término,nuestra fragilidad abocada siempre a la ruina.
Mas ,¿Quién no ha contemplado moradas en ruinas?. Desvencijadas, agrietadas , abatidas, caídas en un combate imposible contra el tiempo y el abandono.Testimonian la ruina no de un sujeto sino de un linaje o una familia. Aquí ,pensamos , se ha truncado no un hombre sino una o varias generaciones, bien por la falta de sucesores o porque éstos han renunciado a su legado abandonándolo a su suerte, dejándolo morir como si así se libraran de arrostrar una carga demasiado pesada. Hijos o nietos que han rendido la bandera familiar de sus padres, abuelos y bisabuelos, unos tal vez por necesidad o por desidia, otros porque no han tenido descendientes o, si los han tenido, con la muerte de sus mayores, han dejado derrumbar la morada , sentida como carga mas que como don, para que no pesara tanto la memoria en una suerte de doble entierro. Ruinas que nos duelen porque sentimos rota la alianza entre las generaciones. Apellidos perdidos,historias olvidadas para siempre , moradas condenadas no a ser invadidas por la naturaleza mientras agonizan hasta desplomarse, sino a ser arrancadas de cuajo por las excavadoras y convertidas en escombros.
Mas ¿Y las ruinas de civilizaciones ya extintas?. Aquí no ha sucumbido un hombre,ni un linaje, sino toda una forma de existencia colectiva. Mercados, templos, anfiteatros. Recintos y símbolos de sentido para todo un pueblo. Espejos de cielos desplomados sobre la tierra y de suelos que se agrietan y hunden, donde los pies carecen ya de sostén. Porque mientras contemplamos hombres y moradas el suelo bajo nuestros pies permanece firme,mas ahora , al contemplar estas ruinas, advertimos que también el suelo que pisamos puede hundirse ,y con el , todo un mundo.
Las ruinas son siempre una lección para nuestra arrogancia y nuestro endiosamiento. Hay quiénes han hecho de ellas un absoluto,centrándose en nuestra irremediable finitud.Mas también son las huellas de la inteligencia y la obstinación humanas que ,pese a todas las vicisitudes y contrariedades,catástrofes, devastaciones y guerras, erige sus campamentos; nómadas, desde el punto de vista de la eternidad, y cimentados en la roca desde el corazón finito de su amor.
Javier Estangüi Ortega
Agudo como cuando te conocí, mejor, más sabio.
La empresa del hombre es arraigar a pesar de la consciencia de que el viento del desierto arrancará su tienda.
Muchas gracias, Javier. Quiero seguirte.
De nada Carmela. Gracias a ti por tu comentario mas que exagerado.
Esos hombres inteligentes y obstinados consiguen vencer a la irremediable finitud humana….
Esperanza
Ciertamente, Javier, lo valioso se podrá arruinar; mas cuanto carece de valor se convertirá en montones de escombros.