La velocidad: ídolo y veneno

Un ídolo es algo que se venera a ciegas y, por lo mismo, se sustrae a cualquier cuestionamiento. «Altius, citius, fortius» es la divisa olímpica y uno de los ídolos de nuestra civilización, junto con el » poder», la » potencia» y el » progreso». Ídolos de muerte que exigen siempre más víctimas sacrificiales sobre sus altares. Los celosos propagandistas y servidores de tales ídolos, políticos y tecnócratas ,se aplican con celo de fanáticos, unos a cantar sus excelencias ; otros ,a arbitrar planes y proyectos para cebar a aquéllos sin interrogarse nunca sobre su sentido. Presos de una razón instrumental ,ciega y sorda para cuanto no sea perfeccionar los medios, se han vuelto incapaces de preguntarse por el sentido o sinsentido de los fines.

Funcionalidad, seguridad y precisión son los imperativos esenciales del ingeniero y del tecnócrata. Aquí me centraré en la precisión. El vocablo » preciso» procede del latín » praecisus» ,cuyo significado es el de » bien cortado y delimitado». Es curioso, observa Wolfgang Janke en su obra» Kritik der präzisierten Welt», que en latín el término » praecisus» se refiriese también en ocasiones a un eunuco, es decir, a aquél al que se le habían cercenado sus atributos. Así el » praecisus» jamás se preguntará si el incremento de la velocidad, por ejemplo, es deseable en todos los ámbitos humanos, pues le ha sido mutilado el órgano del sentido.

Cuando un bosque se incendia es deseable que los bomberos acudan con celeridad a extinguir el incendio. Asimismo cuando alguien sufre un grave accidente es deseable la rápida intervención del médico. Más en el amor, la meditación, la contemplación, el viaje y tantas otras cosas más, ¿ es deseable la celeridad?.

Son nuestra ansiedad, nuestra confusión entre lo urgente y lo esencial, nuestra irrequietud, nuestra falta de serenidad, nuestra avidez de sensaciones a falta de auténticas experiencias, las que nos llevan a desertar de lo más humano y convertir nuestras vidas en » trenes de alta velocidad»; a la sociedad en una especie de parque de bomberos siempre alerta, un hospital de urgencias , un asalto incesante de estímulos y excitaciones, y una especie de circuito de carreras . Hemos de preguntarnos si cuanto consideramos un bálsamo no es en realidad un veneno edulcorado. Movilización incesante y perpetua que ya nada sabe de la sabía divisa de Erasmo: » Festina lente».

. Javier Estangüi Ortega

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