Fe de vida
Atravesar el Rubicón de los espejos.
Salir de la Nube para contemplar las nubes.
Horadar la pantalla como el preso el muro de su celda.
Morar allí donde abrir y alumbrar son ya lo mismo.
Caminar de la mano del asombro o del silencio.
Sentir en la mar la llamada de la tierra y en tierra anhelar la caracola.
Peregrinar por el tiempo sin olvidar lo eterno,
hasta que la tierra y nuestra alma , ahora desoladas y yermas , anfitriona y huésped, se reconozcan, aparezan al fin como para una gran fiesta engalanadas.
Javier Estangüi Ortega