Historias que invitan a pensar ( 58)

En una de las magníficas biografías de Stefan Zweig, la consagrada a Romain Rolland, se lee que siendo este un joven atenazado por una gran crisis, decidió, sin esperanza de recibir respuesta alguna, escribir a León Tolstoi, el escritor y hombre vivo más admirado por el. Al cabo de unas semanas recibió un paquete de Rusia dentro del cual había una carta de 38 páginas en respuesta al joven, desconocido hasta entonces por el gigante. El gran escritor decía en ella :» He recibido su carta, que me ha conmovido. La leí con lágrimas en los ojos». Tal dádiva en medio de la crisis padecida por el joven, fortaleció sus ideales y su vocación. » Desde entonces aprendió,recordando su propia pena y el consuelo ajeno, a considerar cada crisis de una conciencia como algo sagrado, y cada obra de socorro como el primer deber moral del artista».

Romain Rolland es uno de los más grandes hombres y escritores del siglo XX. El propio Stefan Zweig, del que se están reeditando muchas de sus obras, se declaraba discípulo suyo. No ha corrido la misma suerte el maestro,pues sus dos grandes obras :»Juan Cristóbal» y » El alma encantada», no han sido reeditadas desde que la editorial » la Hachette» las publicara en Argentina en los años cincuenta del pasado siglo. Demasiado tiempo para un autor y un hombre tan grande. Freud y Einstein le manifestaron su admiración cuando en medio de la carnicería de la primera guerra mundial Romain Rolland se comprometió y actuó por la paz, arrostrando el desprecio, el ostracismo y las acusaciones de traición a su patria. No se lavó las manos como Pilatos ni , como muchos otros reputados intelectuales, predicó el odio al enemigo ni enalteció al monstruo desatado por la guerra para que se saciará de sangre. Refractario por completo al éxito,a la fama y al dinero- publicó gratuitamente muchas de sus obras en una revista fundada con Charles Péguy-, el reconocimiento le llegó tardiamente. Además de un gran escritor fué un faro moral en esa Europa convulsa y desgarrada que tanto amaba. Hasta su último aliento , cuando el gran Vendimiador vino a recoger su vid ,abogó por una Internacional del Espíritu. Su epitafio bien podría llevar grabadas las palabras que le dedicó Rilke :» El vencido por la grandeza constantemente creciente».

Javier Estangüi Ortega

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