Vosotros sois el oro puro de la tierra, el verdadero mineral del hombre (2)

Una de las cosas que más llama la atención sobre quiénes se han consagrado a la ayuda y al socorro de los damnificados por la gigantesca riada es el denuedo, la pasión con la que se han entregado a sus tareas. Se han vaciado por completo. Y la explicación a esto no se agota en la urgencia que los requería a actuar con la mayor celeridad posible.Ni tampoco da cuenta de todo la nobleza de sus corazones que los espoleaba a mitigar tanto sufrimiento del que eran testigos . Se trató de algo más. Al verse, al encontrarse, al darse por entero a una tarea con sentido redescubrieron y experimentaron de verdad lo que es una verdadera comunidad humana, una comunidad que vincula espiritualmente a los hombres. En las aglomeraciones, en las grandes ciudades, los hombres se hacinan, incluso chocan y se rozan entre si, pero no pasan de ser mónadas sin puertas ni ventanas. Por otra parte lo mismo sucede en los trabajos: para la mayoría el único aliciente es el salario.Las relaciones suelen ser superficiales o de conveniencia, y el propio trabajo no deja de ser vivido sino como una condena, tal vez necesaria, pero fastidiosa al fin. Apatía, hastío, indolencia, y el sentimiento de que la vida se va fugando por el desagüe de los días. Tal vez tan solo vieron eso las Casandras de la » muerte del hombre». No contemplaron la fatiga alegre, el quehacer con sentido humano, la comunidad restituida siquiera por unas semanas, a los hombres cuando no se abajan a prácticas y teorías que los menoscaban. No , el hombre no ha muerto. Lo habéis demostrado. Tan solo estaba dormido.

Javier Estangüi Ortega

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