Historias que invitan a pensar (55)

En uno de sus deliciosos libros, rebosantes de hondura y poesía, titulado «Los hombres de lo eterno», Gustave Thibon, relata una historia a la que bien podríamos llamar » Las pintadas de Drôme».

A dichas pintadas se las alimentaba con una suerte de comida molida y cebada con el objeto de que «comieran sin hambre y sin descanso». Mas llegó a la Provenza un invierno especialmente duro. Los hogares se quedaron sin electricidad, los pueblos quedaron aislados a causa del hielo y las nevadas , y el alimento para las pintadas dejó de llegar. Estas , hambrientas, comenzaron a cacarear. Los granjeros que aún criaban a sus gallinas con trigo, cebada y maíz de sus cosechas trataron de brindar ayuda a los otros granjeros , por decirlo así,modernizados . El caso es que » las pintadas no quisieron probar el grano bueno porque estaban acostumbradas a comerlo todo molido y, en consecuencia, murieron de hambre».

Estas pintadas-añade Gustave Thibon con mucho tino-, deberían formar parte del «martirologio del progreso».

Javier Estangüi Ortega

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