Historias que invitan a pensar (54)
En un documentado, lúcido e inquietante libro de Douglas Rushkoff titulado :»La supervivencia de los más ricos» , se dice que Thomas Jefferson » inventó el pequeño ascensor manual para que sus esclavos no tuvieran que subir fatigosamente las escaleras con platos de comida». El autor del mencionado libro cree, sin embargo, que dicha invención obedecía a otro propósito :» evitar a los invitados a las cenas de Jefferson la visión de sus esclavizados sirvientes jadeando y resoplando. La comida simplemente aparecía: no había sufrimiento humano observable».
Zygmunt Bauman en su obra :»Modernidad y Holocausto» y Günther Anders, en su breve y profundo ensayo titulado «Nosotros, los hijos de Eichmann», han escrito palabras inolvidables sobre estos procedimientos de ocultación y mediación.
Nosotros realizamos compras por medio de las redes ignorantes por completo de la explotación de quiénes producen, almacenan y ,finalmente, nos sirven a domicilio lo comprado. Llevamos permanentemente puestas una especie gafas Google que nos impiden ver la realidad tal cual es y , de paso, nos anestesian. La mal denominada «inteligencia artificial» nos llevará aún más lejos: reemplazará la realidad aniquilada u orillada por simulacros que, diseñados a nuestro gusto,nos impedirán echar de menos la realidad ausente. El ave extinta ya puede ser recreada y rediseñada a voluntad e incluso parecer mucho más bella de cuanto lo era la real.
Antaño, si no se podía apresar a un hombre condenado se lo podía quemar en efigie. Hoy, mientras la tierra se desmorona bajo nuestros pies, podremos vivir en efigie. De cuando en cuando nos resarciremos de nuestro real aislamiento y soledad pegándonos como lapas en festivales y actos donde la promiscuidad , el hacinamiento y la conexión no podrán aliviar la auténtica falta de comunión, como ya viera Gustave Thibon. Nos asemejaremos a esos moribundos descritos en las distopías: se apagan contemplando arrobados maravillosas imágenes de ya inexistentes arrecifes coralinos y selvas densas, feraces, rebosantes de vida . Existe lo aniquilado, miente el simulacro. Toda una muerte dulce, despojada de tragedia. Una eutanasia colectiva.
Javier Estangüi Ortega
Creí que sólo tenía miedo al demonio, pero descubro que también se lo tengo a ese vacío…