Historias que invitan a pensar(51)

En un libro muy ilustrativo de cuanto se nos viene encima «Dictadura 2.0″, Kai Strittmatter relata como una aplicación llamada WeChat ,empleada ya para realizar múltiples transacciones , se ha extendido hasta tal punto que:» incluso los mendigos, en Pekín, operan hoy en día con códigos de barras que escanean con WeChat para transferir su óbolo».

La campiña mantuvo siempre la relación con la Naturaleza. La ciudad compensó esa carencia con el desarrollo de las bellas artes y con las relaciones que los hombres establecían entre si. Las megalópolis con sus autopistas y sus edificios funcionales han arramblado tanto con la belleza de aquéllas como con las relaciones humanas. Mas el último golpe de gracia lo han dado las llamadas «tecnologías de la información». El prójimo ha desaparecido en el ciberespacio al igual que las relaciones humanas existentes en aquellos oasis de la ciudad donde ,tanto parroquianos como dueños de las pequeñas tiendas que aún mantienen el calor de un trato humano,están en trance de desaparecer merced al envite de los supermercados y la fiebre desatada de las compras por medio de Internet. Nuestro fetichismo tecnológico nos impide ver cómo la comodidad y la facilidad, de las que alardea la propaganda tanto de los estados como de los grandes consorcios, son enemigas de la humanidad. El mendigo del cual habla Strittmatter es similar a su benefactor: ambos son el resultado de un mundo carcomido por la prisa y el olvido de cuanto más hondo hay en el hombre. Un mundo donde unos y otros desertamos de los rostros, espejos de alegrías y de angustías; a veces llamadas a la vida o al socorro, para reemplazarlos por pantallas. El fetichismo tecnológico se alimenta y crece a base de dosis cada vez mayores de olvido, miedo y vértigo ante lo realmente humano.

Javier Estangüi Ortega

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