componer, producir, crear 8
Componer, producir, crear (8)
Es conocido que, desde la revolución industrial, la contemplación se ha refugiado en los artistas y en los enamorados. Unos y otros han vislumbrado que previo al acto voluntario existe un previo asentimiento al mundo en donde uno reconoce y hasta celebra cuanto es, por el mero hecho de ser.
La madre que contempla con devoción al retoño, el artista que celebra la vida, el enamorado que experimenta la llegada de la amada como una epifanía, son poseedores de un saber que hoy, por desgracia, nos está casi vedado: el amor a lo que existe es la condición sin la que todo acto de voluntad y, a la postre, de transformación de la realidad, acaba por pervertirse. Un amor que simplemente asiente incondicionalmente a la realidad. ”¡Qué maravilloso es que tu existas!”, expresa todo enamorado, según acierta a decirnos bellamente Josef Pieper. Y en ese acto se rememora el mito de la creación según el cual Dios contempló cuanto había creado “y le pareció bueno”.
¿Cómo vamos a intentar conservar el mundo si antes no somos capaces de celebrarlo, si no lo con-templamos?. La voluntad, los proyectos, las acciones, han de partir de ese acto primordial si no quieren abocarnos a la destrucción. Sin ese profundo amor y consideración por los seres que recrea la contemplación la acción acaba convirtiéndose en expolio. Nuestro actuar ha estado, con demasiada frecuencia, orientado a un fin ya sea económico, técnico, político y ha perdido de vista su fundamento y su punto de partida: lo que los seres son de verdad cuando no tratamos de violentarlos ni reducirlos a nuestros proyectos. No se trata de soportar resignadamente aquello que clama al cielo y es una flagrante injusticia. Se trata de que nuestro hacer no sea producto del resentimiento porque el mundo no se adecúe a nuestros patrones o a nuestros planes. De que no se trate en realidad de una fuga que enmascara y empeora aún más la realidad sobre la que actuamos.
Hemos sustituido el amor por nuestros hijos por revistas, cursillos y procedimientos que nos indican cómo ser buenos padres. Hemos cancelado todo acto desprendido por un ´calculo previo de riesgos y beneficios. Hemos sustituido el encuentro entre un hombre y una mujer por “técnicas sexuales” para no sentir el vértigo de lo alto ni de lo profundo. Y previamente a todo eso, y como acto previo, hemos deformado la realidad a aquéllos aspectos que, puesto que se nos dice que son verificables, controlables y predecibles, no nos infunden temor ni reverencia. Pues el asombrarse, admirar, reverenciar y hasta rezar, son actos que, puesto que reconocen lo que nos conmueve y es mas grande que nosotros, nuestros proyectos y nuestros planes, nos están proscritos.
Javier Estangüi Ortega