La posesión y la pérdida del alma
Posesión del alma y pérdida del alma eran expresiones empleadas por Carl Gustav Jung para referirse, en el primer caso, a cómo la irrupción de un contenido inconsciente sea un recuerdo,una ocurrencia, un afecto, un complejo o un arquetipo, asalta a la conciencia, se apodera de ella y la subyuga. Así decimos, por ejemplo, que una persona ha sido poseida por los celos o la ira. La expresión pérdida del alma, por su parte, hace referencia a una escisión de la psique en virtud de la cual la persona se identifica tan solo con una parte reducida de aquélla, el ego; en detrimento de partes de su inconsciente (la sombra) que , junto con el ego , formarían la totalidad de la psique, llamada por Jung el Si-mismo.
Un discípulo dilecto de Jung, Erich Neumann, enfatizó hasta que punto en todas las caricaturas del hombre occidental se sobredimensiona la cabeza sobre el resto de los miembros del cuerpo, esbozados como meros apéndices de aquélla. La causa, a juicio de Neumann, sería la inflación del polo consciente de la psique. Mas , según su teoría, las relaciones entre la consciencia y el inconsciente tienen un carácter compensatorio, y la parte excesivamente reprimida o aparentemente suprimida de este adquiere un carácter arcaico y se manifiesta cuando emerge con inusitada intensidad;así la barbarie del siglo XX no sería sino la eclosión violenta de los monstruos que dormitaban en el inconsciente ,parapetados y velados ,mas no eliminados, tras la concepción moderna tanto del «cogito, ergo sum», como de la consideración del hombre como ser exclusivamente racional .
Jacques Ellul escribió un penetrante libro titulado:»Los nuevos poseídos»para referirse a quiénes dominados por las ideologías, ciegos para con la realidad y sordos a cualquier razonamiento no eran sino fanáticos siervos de aquéllas.
Hoy la realidad y las posesiones son distintas. Naturalmente continúa habiendo poseídos a la vieja usanza ,mas la posesión del alma no se realiza ya sobre todo por medio de las ideologías. Son la propaganda y los fetiches técnicos los actuales súcubos e íncubos quiénes dominan el alma y crean nuevas adicciones. Y no se trata aquí ya de la inflación de la razón sino de su constante erosión y menoscabo. El fanático ideologizado de ayer ha dado paso al zombie inconsciente de hoy. La razón es reemplazada por la destreza y la celeridad. La palabra por los emoticonos. Los sentimientos por las sensaciones. La praxis moral por los impulsos y los actos reflejos. La contemplación por la sobreestimulación y la agitación incesante. La comunicación y la comunión por la conexión. La exhuberancia vital y el respeto, por el vaciamiento y la abulia moral.
A las hambrunas y las guerras, a las barbaries de siempre , se ha añadido una más insidiosa por impercepcible: la destrucción paulatina y silente del hombre interior. Camina de puntillas y apenas deja huellas.
Inmunes a los razonamientos unos y otros, cabe esperar siempre cuanto de forma imprevista nos ofrece la vida y tratar de restablecer una educación de verdad que pueda exorcizar a los ídolos y fetiches que hoy jibarizan y necrosan tantas vidas y cerebros.
Javier Estangüi Ortega