historias que invitan a pensar 27
Historias que invitan a pensar (27)
Cuando Miguel Serrano fue a visitar por segunda vez a Jung, se enteró de que el sabio había fallecido. Uno de los hijos de Jung lo invitó a pasar a la casa, le condujo al jardín, y le dijo: “Bajo ese árbol que ve allí se solía sentar mi padre. Tras su muerte hubo una gran tormenta, infrecuente aquí en esa época del año, cayó un gran rayo que hirió al árbol abriendo su corteza”. Serrano, emocionado por la historia, pensó que el árbol herido por el rayo era una señal de que Jung había vivido en profunda resonancia con las fuerzas del Cosmos y, por eso mismo, la naturaleza, a la muerte del maestro, había respondido sintiéndose tocada, emocionada, conmovida.
Miguel Hernández, en un poema dedicado a Lorca, escribió:” Muere un poeta y la creación se siente herida y moribunda en las entrañas, un cósmico temblor de escalofríos recorre la matriz de los ríos y montañas.”
Y en el evangelio de San Lucas, al hablar de la expiración de Jesucristo, se dice:” Era ya cerca de la hora sexta cuando se oscureció el sol y toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora nona”.
Los románticos concibieron el alma como una arpa eólica, una caja de resonancia de la música que brotaba de la naturaleza. Y siempre y en todas partes se ha entendido al hombre como un microcosmos en cuyo seno se refleja la totalidad del universo. ¿Por qué negar que la naturaleza, en correspondencia con esas almas afinadas que han captado la música del mundo, estremecida por su pérdida, haya querido ,a su vez, corresponderlas ?.
Como historia real o como historia arquetípica, lo cierto es que el hombre siempre ha anhelado esa profunda armonía con el Cosmos. Leonardo en su dibujo del cuerpo humano representa la llamada “armonía de Vitrubio”. Un ser cuyos miembros unen los espacios: norte, sur, este y oeste y cuya alma, podemos suponer, une los tiempos. Y unir, cuando no es indiferenciación, es siempre restañar una herida, abolir una separación.
Javier Estangüi Ortega