España:crónica de una muerte anunciada
ESPAÑA: CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA
Generación tras generación, de la cuna a la tumba, hemos de habérnoslas en una tierra donde el sentido común siempre llega tarde. Una tierra de andar sonámbulo que, parafraseando a Chesterton “recibe tragedia y devuelve comedia”. El pueblo, adormecido con maracas y sonajeros, sólo es capaz de organizar festejos y charangas. En el entretanto, representada la nación por un arco iris de banderas, la disipación es el pan de cada día. España, como una mujer que se marchita, se nos escapa de entre los dedos.
Sombra refractaria de una auténtica democracia, la transición hizo que la corrupción fuese el verdadero nexo de unión entre vencedores y vencidos. Así pues, los prohombres de aquélla metamorfosis de los 70, abatieron la esperanza de nuestro pueblo, tunearon el viejo sistema, y lo que es peor, hicieron que los españolitos perdiésemos la capacidad de pasmo. Esas conciencias impermeables nos hicieron ser lo que ni de lejos comprendíamos. Malquistar una región con otra es, pura y simplemente, fiel reflejo del fangal en el que nos metieron. ¿Qué nos ha pasado?. El magistral retrato realizado por Alexis de Tocqueville en su obra “La Democracia en América”, tiene plena validez sociológica. “El pobre ha conservado la mayor parte de los prejuicios de sus padres, sin sus creencias; su ignorancia, sin sus virtudes; ha admitido, como regla de sus acciones, la doctrina del interés, sin conocer la ciencia, y su egoísmo está tan desprovisto de luces como lo estaba antaño su devoción. La sociedad está tranquila, no porque tenga la conciencia de su fuerza y de su bienestar, sino al contrario, porque se cree débil y enferma; tiene miedo a morir al hacer un esfuerzo: cada cual siente el mal, pero nadie tiene el valor y la energía para buscar lo mejor; se tienen deseos, nostalgias, penas y alegrías que no producen nada visible ni duradero, semejantes a pasiones de viejo que no conducen más que a la impotencia”. Larra, que no dejaba títere con cabeza, decía que la enfermedad hispánica procedía de la mala calidad moral, cultural e intelectual de sus habitantes.
Escarnecida España, anda en este tiempo aciago como un boxeador sonado que no sabe si viene o si va. Pero se ha acabado la desesperante tregua. Llegó la hora de la verdad. Ahora, lo que se pone en solfa desde dentro, es si a un grupo de irresponsables cegados por el superego les vamos a permitir actuar como una avanzadilla de intereses exógenos. Me explico. Por el valle de lágrimas de la crisis desfilan intereses muy contrapuestos. Uno de ellos, naturalmente, tiene que ver con nuestros prestamistas. Que contemplan con estupor que no tienen interlocutor válido para negociar absolutamente nada. Porque el gobierno de turno es permanentemente desautorizado por unas comunidades que no se dejan aquietar. En el pináculo sólo hay sitio para mí, dice uno. A ver cómo le hinco el diente al presupuesto, piensa otro. Y los demás, erre que erre. En esta tesitura no sería de extrañar que aplicando modelos de prevención de contingencias, hubieran pergeñado para nuestro país un futuro similar al que le espera a Bankia: trocearle. Que es una forma de evitar que el riesgo venidero, en su actual dimensión, sea recurrente. Porque la supervisión a que serán sometidos los pequeños estados resultantes ya no será delegada a un gobierno de voluntad pusilánime, sino que la efectuará en primera persona la CEE; es decir Francia y Alemania; es decir: los acreedores. El algoritmo de resolución se denomina “divide y vencerás”.
En medio de una crisis económica sin par, lacerado el nombre de España en los distintos ámbitos internacionales, se da pie al tratamiento de choque. Obsolescencia planificada que presumo tendrá las siguientes fases:
1) Solicitud a Bruselas de la modificación de la normativa europea, a fin de pedir la integración de Cataluña y Vascongadas como estados de la UE.
2) Intensificación de la campaña de adoctrinamiento (chauvinismos étnicos, agravios históricos, etc…).
3) Consulta al cuerpo electoral autonómico.
4) Declaración solemne en sede parlamentaria de la voluntad independentista.
5) Secesión unilateral.
6) Reconocimiento de los nuevos estados por parte de algunos países.
7) Segregación de activos.
Entreverada, podría estar la continuación de una crisis financiera que no ha hecho más que empezar. Porque como ya no se puede pagar con la moneda del consumo, es verosímil que aumente el número de empresas quebradas en un círculo vicioso que alimentado por el incremento de la morosidad, contribuya a deteriorar aun más el balance de los bancos, y por ende, su solvencia. Los nuevos dioses vestidos de paisano, las agencias de calificación, harán el resto. Y como el andamiaje que tenemos ya no se sostiene, España, con la mortaja puesta, espera el estruendo final.
Fdº.: Muerteriendo sin Blanca de las Escépticas Maneras del Famoso Sol de España