De cómo la solución acrece el problema.

La llegada de los ordenadores a la escuela fue celebrada con un entusiasmo y una sorpresa similares a las de los indígenas ante la visión de los espejos llevados por los conquistadores, pero sin su primer y premonitorio estupor. Quien se oponía a la entrada de tal caballo de Troya era inmediatamente estigmatizado como recalcitrante, reaccionario, sospechoso apologeta de la tiza y la pizarra ;antiguallas, se enfatizaba, por completo obsoletas , mas propias de carcamales que de los recién horneados pedagogos.

Hoy sabemos que muchos de los jóvenes no leen ni escriben, apenas saben leer ni escribir y,cuando lo hacen, sus escritos parecen telegramas.Apenas comprenden cuanto leen, exceptuando los cómics , carteles y anuncios. La mayor parte de ellos son adictos a los móviles, los ordenadores y los videojuegos, medios rápidamente puestos en sus manos por padres a los que la publicidad atosigaba con la matraca según la cual tan solo el precoz aprendizaje del inglés y las «nuevas tecnologías» asegurarían el futuro de sus hijos. Esos mismos a los que ahora , puesto que no saben expresarse ni leer, la propia escuela les promete la inmersión en programas informáticos para «mejorar la lectura». Hace ya muchos años, a tal efecto, IBM creó un programa llamado :»Learning to read».

Y lo peculiar y desgarrador del asunto es que mientras no se hace sino proponer medios técnicos para subsanar los estragos que esos mismos medios causan cuando se les permite tomar por rehenes a los niños,nadie se pregunta cómo es posible que tras años de escolarización los jóvenes no hayan aprendido ni a leer ni a escribir de verdad. Y es que la pregunta, además de provocarnos el estupor del indígena , tal vez nos llevaría a reconocer el verdadero rostro oculto tras el ídolo ante el que nos postramos, celebramos y rendimos culto con fe de carboneros.

Javier Estangüi Ortega

1 response to "De cómo la solución acrece el problema."

  1. By: Pablo Fuentes Botella Posted: 10 agosto, 2022

    La informática ha llegado a las aulas también para asegurar que el alumnado no aprenda más de la cuenta. Para controlar y asegurar el sometimiento a las ideologías, a lo políticamente correcto y a las convenciones de qué hay que aprender. Para que el maestro no pueda serlo.

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