Maravillarse
«¡Mira! exclama el niño ante la presencia de un adulto , a la vez que le agarra del brazo para llevarlo al lugar del prodigio donde una realidad, por menuda y humilde que sea, se reviste ahora con las cualidades de lo maravilloso. El adulto atraido a tal lugar observa cuanto le reclama aquél sin sorpresa alguna, salvo la de que algo tan sencillo , una lagartija, un nido de hormigas,una seroja, unos columpios ,el velo de humo de una modesta chimenea, hayan podido maravillar con tanta intensidad al pequeño. Lo vivo, salvo ser desviado por el adulto, le atrae mas que lo muerto, la necesidad imperiosa de compartir lo diferencia de las reservas del adulto. Con todo, éste, cierto, en menor medida , conserva en su interior al niño maravillado y su deseo de compartir la maravilla, deseo que se sustrae a todo cálculo económico. Así uno recomienda a otro visitar un templo, o un paisaje, leer un libro o ver una película,incluso conocer a una persona. Fuentes todas de lo admirable, de lo maravilloso, de ese sentimiento donde la apatía, el cansancio , la rutina, son desmentidas por esa realidad que nos entrega infinitamente mas de cuanto habíamos supuesto incluso en nuestros sueños.
«¡Ven y mira!», exclama silente el pintor a quien algo le ha maravillado y desea compartir con su obra.»¡Ven y escucha»!, dice el músico tratando de devolver al oyente el sonido maravilloso de las esferas.»¡Ven y Canta!», dice el poeta. Todos anhelan hacernos partícipes de ese asombro del que vienen. ¿Acaso no desea el maestro, antes de nada, transmitir el asombro, convertir lo estudiado en algo maravilloso?. Un poeta, Henri Raynal, llama a esto «la obligación del testigo». Y a esa obligación de dar testimonio de cuanto nos ha maravillado la describe con maravillosas palabras como :»apostolado puro». Un apostolado que conocen bien el niño y el artista y que siempre nos lleva más allá de nosotros.
Javier Estangüi Ortega
Tengo suerte. Todavía me maravilla la luna llena, el arco irks y los niños. A veces comparto este sentimiento, pero no con mucha gente, porque me parece que eso no va a maravillar a nadie… menos mal que tengo nietos…
El adulto humano se lleva bien con sus sombras porque realmente a lo que teme es a su luz, dijo Marianne Williamson. Por eso será que me fascina tanto la vitalidad de alguien como, al mismo tiempo, me intimida.