Sobre la vacunación obligatoria

«Si los gobiernos prescribieran nuestra dieta ,nuestros cuerpos estarían en el mismo estado en que se encuentran nuestras almas. No es asunto del gobierno que cosas se pone uno en el cuerpo como tampoco que ideas tiene en su mente». Esto que hoy suena a la voz de un recalcitrante anarquista fue escrito nada menos por Jefferson, uno de los padres de la constitución americana. Es una señal del régimen totalitario al que nos encaminamos el que estas palabras hoy nos parezan escandalosas y poco mas o menos una provocación.

Los corderos de la autoproclamada comunicación ,Internet,las redes , radios y televisiones, exhiben sin vergüenza alguna su verdadera faz: son, ante todo y sobre todo ,medios de control y de adicción al consumo , colonizan el silencio y crean sucedáneos de libertad mientras suplen las genuinas relaciones humanas por relaciones en efigie, sólo que esta vez la efigie no pasa de ser un simulacro virtual.

El totalitarismo de hoy se disfraza con las máscaras de la voluntad popular, la salud pública y la solidaridad y opera no dando golpes de estado ni exhibiendo una violencia desnuda sino negando accesos a los disidentes -sean cines, teatros, restaurantes, viajar, o lo que sea ,y polarizando a la sociedad civil, de tal modo que quiénes se han plegado a los dictados de los poderosos miren con recelo y canalicen su rencor no contra éstos, sino contra quiénes no se han avenido a someterse a aquéllos.

Así como en tiempos del nazismo los «buenos ciudadanos» delataban la presencia de judios, pronto veremos a esos mismos buenos ciudadanos delatar a quiénes aún no se han vacunado. Y así el ritual perverso de búsqueda y eliminación del chivo expiatorio ,como la expiación de la culpa colectiva por medio de éste, en este caso el miedo y la cobardía, encontrarán su descarga sin temor a represalia alguna. Y aquéllos actuarán creyendo servir a una causa justa.

Porque al margen de que una persona se haya o no vacunado debería ser asunto de todos el no permitir sojuzgar a quiénes decidan una cosa u otra, como también el no consentir el que, en nombre de lo que fuere-con mas que dudosas razones-, se nos cercene la libertad sin rechistar.

La época del terror en la Revolución francesa creó el certificado de buen ciudadano expedido en nombre de la salud Pública. Los muñidores de la globalización que han logrado convertir a los gobiernos en tontos útiles y aprovechados ,han urdido el pasaporte Covid. Quiénes proclaman machaconamente lo absurdo de las fronteras y claman contra quiénes las defienden, crean fronteras internas-un auténtico Apartheid- en nombre de esa misma salud pública a la cual constantemente maltratan.

Y lo peor es que los pueblos reducidos a la condición de público aplauden desde la butaca fijada frente al televisor,miran con rencor e incluso increpan a los desobedientes-origen, claro está de todos los males- y esconden la cabeza bajo el ala como el niño que se siente invisible tapándose los ojos.

Mañana veremos sin estupor alguno como se da una nueva vuelta de tuerca a nuestra ya libertad vigilada sin que nos inmutemos, como la rana puesta a cocer a fuego lento.¡Que superficial y precaria se ha mostrado nuestro pretendido amor por la libertad!¡Qué espejo ha puesto el Covid a nuestras almas!.

Javier Estangüi Ortega

1 response to "Sobre la vacunación obligatoria"

  1. By: Pablo Fuentes Posted: 6 enero, 2022

    Muy convenientes palabras. Cuando el poder obliga es porque sabe sobradamente que no tiene la confianza del pueblo. Y saben por qué. SI el poder vigila, sospecha, manipula y censura sin descanso es porque reconoce que no tiene autoridad alguna.

Responder a Pablo Fuentes Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *