La tierra calcinada

Galileo redujo las cualidades, por el llamadas secundarias( colores, olores, sonidos, sabores), a extensión, movimiento y número; pues aquellas, pensaba, si se suprimieran nuestros órganos sensibles, nada serían.

Newton mostró que el mundo astral obedecía a las mismas leyes que el mundo sublunar.

La geometría analítica de Descartes homogeneizó el espacio.Los lugares fueron despojados de sus cualidades para ser representados como puntos cuantitativamente distintos en un eje de coordenadas. » Dadme extensión y movimiento y reconstruiré el mundo», se jactó el filósofo. Un mundo incoloro, inodoro e insípido. Un mundo concebido como masa o materia, sin esplendor, sin aura. Paulatinamente fué imponiéndose la visión de un sujeto encapsulado, desencarnado, sin raíces ni historia, ensoberbecido y resentido cuyo frenesí y ansia de dominio convirtió al mundo en representación, a los seres en objetos y, finalmente, en materiales y recursos. No es de extrañar que tal sujeto, empachado de abstracciones, quisiera hacer tabula rasa de la realidad y moldearla a su antojo.

La perspectiva del astronauta y la del piloto de carreras son similares en su percepción: ambos encapsulados, uno anegado por la inmensidad del espacio, otro ebrio de velocidad, incapaces de percibir las formas de las cosas, siquiera de reparar en ellas. Transitan por el espacio más no lo habitan. Nosotros hemos sustituido el lugar por el territorio y este por el mapa, es decir, nos relacionamos con abstracciones, de ahí nuestro divorcio de la realidad. El mapa de los incendios mostrado por tecnócratas y locutores está a leguas de distancia de los mismos , del desgarro de los hombres de la tierra. Hombres con nombres y apellidos.Hombres que han dado nombres a sus bosques, ríos, caminos y veredas.Hombres para quiénes sus bosques no son » masa forestal», como para el enamorado de la vida la sustancia de esta no se reduce a » material genético». Pues representarse el bosque como » masa forestal» y la vida como » material genético» es ya comenzar a destruirlos.

En realidad, aunque escueza oírlo, el incendiario representa una figura consagrada por la modernidad: es el hijo del nihilismo y de esa voluntad de poder cuyo deseo es eclipsar o eliminar lo vivo en aras de lo producido.Su acción es semejante al de un catalizador: más eficaz para su fin que las motosierras y las excavadoras y menos que la de los bombarderos.

El éxodo y la aniquilación de las formas de vida tradicionales, de campesinos y ganaderos , acarreará no sólo la muerte de labores, palabras, cantos y dioses del lugar, sino de la propia campiña. Los sembradores de desastres reducirán las formas abigarradas y extraordinarias de la vida a materia prima. Su » ! Fiat!» será siempre la devastación, un contragénesis. La tierra calcinada es su papilla, pues carece de forma y se adecua a su sueño de demiurgos. Una masa indiferenciada que los aprendices de brujo sueñan con » formatear». Y sólo pueden hacerlo de una forma. Sobre la tierra calcinada el nuevo Atila ensamblará paneles solares. Levantará monumentos a la homogeneidad, lo global, lo indiferenciado, para sembrar la indiferencia en el alma.Reducirá el arte a artificios. Su culto: panteísmo de mercado.Tal es el hombre abstracto.

. Javier Estangüi Ortega

1 response to "La tierra calcinada"

  1. By: Blanca Ley Vega de Seoane Posted: 19 agosto, 2025

    Qué soberbios son. Y qué imbéciles…. No son capaces de hacer ni una patata… qué pensarán que pueden hacer…

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