Historias que invitan a pensar (63)
Recojo aquí una fábula de Krilov citada por Dostoyevski en su » diario de un escritor».(Ed. Aguilar).
» Al pie de una encina secular, un cerdo comiendo estuvo hasta llenar la andorga: luego allí mismo echó su siestecita, y, al fin, juzgo oportuno levantarse. Entonces fué y se puso con su hocico a mirar de la encina las raíces.
En las ramas, posada una corneja,
-Mira que al árbol dañas -le advirtió- ,si lo dejas sin raíz, podrá secarse,
-Pues por mi, que se seque-replicó el cerdo.
-No tengo que apurarme lo más mínimo, que bien escasa utilidad le veo; a mi el árbol me tiene sin cuidado, tan solo me importan las bellotas.
-¡ Ingrato!-le reprocha aquí la encina-Si pudieras a lo alto alzar la jeta, verías que esas bellotas que te engorzan soy yo quien las produce».
El mito del progreso y nuestra desidia nos han cegado y paralizado, sumiéndonos en la pereza de quien, sin esfuerzo alguno, toma como evidente aquello de que goza. El llamado bienestar ha obrado sobre nosotros como un poderoso narcótico. Todo cuanto hoy se mantiene en pie ha sido fruto del tesón, el trabajo y el sacrificio de quiénes nos han precedido. En el mundo humano , a diferencia del de los cuerpos inertes, las inercias no son tan visibles, el impulso inicial se debilita más lentamente y, por eso mismo son tan peligrosas, pues nos abocan siempre, casi sin darnos cuenta, al colapso y la catástrofe. Todo los inmensos y prodigiosos edificios de nuestras instituciones y logros de nuestra cultura se vendrán abajo sin necesidad de un atentado como el de las torres gemelas, si quienes lo habitamos nos limitamos, como en la fábula, a aprovecharnos de ellos sin cuidarlos lo más mínimo, desentendiéndonos de su conservación. La deshonestidad, la carencia de escrúpulos, el sectarismo, la apatía y el cinismo serán, ya lo son, mucho más destructivos aún que los aviones que se empotraron contra dichas torres.
Javier Estangüi Ortega
Nos hemos convertido en un país de vagos y tontos, de lo que me siento responsable ya que he sido profesora, y, como decía uno de mis abuelos, «la ociosidad es la madre de todos los vicios», pues ahora también más cosas…. Pero lo que más me molesta es la ordinariez que se ve por todas partes, especialmente este fin de semana, porque eso significa que hemos perdido la dignidad., y eso es difícil de recuperar…