Dos libreros

Se llamaba Alfredo,mas por su presencia , elegancia y el respeto que infundía era imposible no dirigirse a el con el Don delante. Poseía una librería de lance cerca de la plaza de Santa Ana. Abría solo por las tardes y allí ,a antehora, me plantaba impaciente y ávido para volver a cerciorarme de la existencia de la librería, saboreando por anticipado el tesoro que habría de traerme a casa. Callejeaba por el café del Prado que luego » sufriera tantas reformas» (¡ Y vaya si las sufrió!), por la plaza y el café central, alcanzaba la plazoleta de Tirso de Molina, miraba el reloj, y regresaba raudo a la librería. Allí estaba ya Don Alfredo, elegante, con pajarita, siempre sonriente y benévolo. Era un librero de raza, amaba su oficio, enciclopedia viva de autores y ediciones. Cuando me tuvo confianza me dejó disponer a capricho de aquella doble escalera de madera con la que me encaramaba a los anaqueles más elevados en busca de algún que otro tesoro que mi imaginación suponía allí oculto. Un día, osado , inseguro e ignorante, como yo era y como son casi todos los jóvenes, no recuerdo la razón ,despotriqué ante el sobre la cultura francesa.Sin decirme nada, cogió la escalera, tomó un libro de un anaquel, descendió y me lo mostró como quien acerca a otro un diamante. Se trataba del libro de un reputado filósofo francés cuya edición alcanzaba una tirada de doscientos mil ejemplares. Aquí , tal literatura, apenas sobrepasaba los quince mil. Jamás me reconvino ni me humilló. Enseñaba mostrando,relatando, con una amabilidad a la que yo no estaba acostumbrado y me desconcertaba. Un día me relató con pelos y señales cómo habían censurado un artículo en una edición de las obras completas de Pío Baroja. Era un deleite escucharlo. Varios meses después desapareció el y su librería sin dejar rastro alguno. Al principio creía haberme equivocado de calle o de número, era tal mi deseo. Un portero me confirmó la desgracia.

El señor Lucas vestía con un mono azul marino como los empleados de las ferreterías y de los talleres de coches. Llevaba unas gafas espesas de las de culo de botella, casi siempre estaba retrepado en una pequeña butaca junto a una de las esquinas de la caseta de la cuesta de Moyano que regentaba. Lo vi siempre con un puro en la boca del que sólo se desprendía, creo que a su pesar, para vender algún libro. Antes de poner precio a este escrudiñaba al comprador y si dudaba, sucedía en escasas ocasiones, inquiría la condición de este. «¿ Estudiante?». Yo asentía y acto seguido el precio ya estaba en la mitad o, el gozaba con ello, admitía un regateo que concluía siempre con una mueca de fastidio y una fingida queja:» ¡ Anda llévatelo por esa miseria y no me des mas la lata!». Al señor Lucas le hacían chiribitas los ojillos cuando le preguntabas por algún autor clandestino o prohibido. A el le compré los tres tomos de obras escogidas de Lenin, una antología de poemas de León Felipe y otra de Hölderlin. Leer al primero fué para mi un acto de penitencia pues fuí acusado de » pequeño burgués» por una beldad y deseaba redimirme a toda costa. Tras la fatiga y la pesantez de pasar por esa escritura exánime y arecida del heraldo de la revolución, purificaba mi alma sumergiéndome en las aguas lustrales de los poetas.

» El filósofo dice: pienso luego existo. El poeta: grito, aullo,blasfemo, luego existo». En el autobús de regreso a casa, leía estremecido esas estrofas de León Felipe y me temblaba el alma. Y en ese momento supe que estaría siempre del lado de los poetas. Y luego , yendo de un fruto a otro, » tu favorito fuí, luna sagrada…yo crecí en brazos de los dioses». El señor Lucas murió, le sucedió su mujer y luego su nieto,pero ya nada fué igual. Yo soñaba y temía por mi futuro. Besaba en secreto las tapas de estos dos libros y daba gracias a esos dos libreros.¿ Y para qué buscar libros de magos, hechiceros y duentes, si ya estaban allí?. Los recuerdo en esta semana Santa, procesión de la memoria, como uno de los pasos de mi vida.

Javier Estangüi Ortega

1 response to "Dos libreros"

  1. By: Blanca Posted: 14 abril, 2025

    Los libreros y los poetas también mueren…. Pero nadie sabe lo que es la muerte. Puede que sea el principio de la vida

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