La realidad virtual

He aquí un oximoron. Se arguirá que todo cuanto sucede al hombre y este realiza, es real. Mas conviene distinguir entre la realidad encarnada,un icono y un simulacro. Entre navegar por la mar y la » navegación » virtual. Entre un encuentro o una cita real y una «cita online». Entre lo que las palabras significaban no hace mucho y su apropiación y su tergiversación por los mandarines de la tecnología.

El término » virtual», nos recuerda Jean- François Mattéi, procede del latín » virtus» que, a su vez, se deriva de » vir» , cuyo significado designaba en Roma la fortaleza militar y civica. Nada similar al estado de fascinación, arrobamiento e hipnosis de quiénes son ya adictos a las pantallas. El tipo activo- pasivo como el del perezoso- hiperactivo son exponentes de nuestro tiempo. » Es la realidad, que se da al hombre sin que la haya demandado y cuya gratuidad ya no le basta, la que conviene sacrificar a la virtualidad», escribe tratando de dar una explicación Jean- François Mattéi a esa deserción de uno mismo y ante la realidad. ( El hombre devastado). Mas , pese a su profundidad, no explica todo. También se trata de la fuga ante una realidad percibida como amenazante por excesivamente intensa. Que nos espeta y nos recuerda sin cesar nuestra fragilidad, nuestros límites, el peso de la vida y nuestra mortalidad. La » realidad virtual» salva las coordenadas espacio- temporales, como sucede en los sueños. Y más allá de estos, nos ofrece un mundo a la medida de nuestros caprichos y nuestros miedos. Un mundo en el que podemos permanecer o evadirnos con un simple «clic».

En realidad, la mayor parte de las veces, la pantalla es la venda o el tapaojos con la que, como niños que se cubren estos con las manos para eludir un peligro, nos protegemos de la realidad y de nuestros propios abismos. Las instituciones, pensaba Ernst Jünger, son molinos del tiempo, reducen a polvo la vida. Eso mismo hacen, de forma más sofisticada e insidiosa, esos chupatiempos y chupavidas aureolados de progreso.

» La religión es el opio del pueblo» , escribió Marx. Mas también es » el corazón de un mundo sin corazón», añadía. Hoy el opio del pueblo es la » realidad virtual». Y ésta, además, carece de corazón. Su memoria no es ningún re- cordis ( volver a pasar por el corazón), sino el almacenamiento de data.

» Cuando lo lejano se aproxima, lo cercano se aleja» , nos enseñó Günther Anders. Hoy podemos » navegar» virtualmente por las antípodas pero , y esto es lo trágico, ya no sabemos quien es nuestro prójimo.

Javier Estangüi Ortega

2 response to "La realidad virtual"

  1. By: José Luis Posted: 6 abril, 2025

    Magnífico artículo, Javier. Y por el rumbo que lleva la política en general, y la educativa en particular, el número de individuos sin prójimo va en aumento.

    • By: elsabernoesunlujo Posted: 11 abril, 2025

      Gracias por tus palabras José Luis

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