historias que invitan a pensar (56)

En uno de sus admirables libros, Adolf Portmann daba cuenta de como muchos de sus alumnos ,condicionados por los documentales donde se altera la duración real de los ciclos naturales , sirviendo a granel imágenes a cámara lenta o rápida, se exasperaban al contemplar el transcurso real de los procesos estudiados. Habituados a los ritmos ralentizados o acelerados de las imágenes suministradas por las pantallas , carecían de la paciencia necesaria para observar los ciclos de la vida. Y no es que el zoólogo fuera refractario al uso de tales filmaciones. Sencillamente advertía de los efectos de las mismas cuando , reemplazando a la observación de campo , se convertían en las fuentes predominantes, cuando no exclusivas, para el conocimiento de la vida.

La realidad enlatada en forma de imagen enmascara doblemente a la realidad : convirtiéndola en imagen y dislocando el tiempo a través de catalizadores técnicamente elaborados que nos exponen a una constante falsificación de la pulsación de los seres , de los ritmos del mundo. Nuestra época está nutrida hasta el empacho de tales catalizadores. De ahí la irrequietud, la desazón y la impaciencia cuando la realidad no se aviene con lo deseado en el plazo esperado . Se zozobra compulsivamente de actividad en actividad para » no perder tiempo» y ,entretanto, se pierde la vida. Un músico me habló de una obra apenas conocida: » El tempo lento» ,en la que el autor sostenía que actualmente muchas orquestas interpretan a los clásicos fuera de tempo: aceleradamente.

Regresar a los ritmos de la vida, prescindir de tantos catalizadores, aprender a «perder el tiempo», es una tarea esencial. La vida no se intensifica merced a la celeridad ni a la constante experimentación. Ser fiel a las estaciones , dejar madurar a los seres sin premura alguna, escuchar nuestra propia sístole y diástole. Respirar con plenitud. Resonar, estar en armonía con los ciclos de la vida, salir de la vorágine de estímulos e imágenes, no movilizarse obedeciendo a artefacto alguno. He aquí una tarea realmente terapeútica para nosotros . Novalis sostenía que la enfermedad era un problema musical .¿ De afinación?. ¿ De tempo?. «La mano que se agita cuida al enfermo. La está quieta lo sana», escribió Ernst Jünger.

Javier Estangüi Ortega

1 response to "historias que invitan a pensar (56)"

  1. By: Blanca Posted: 10 julio, 2024

    Ya sabes que canto en coro. Hace dos años volví al de antiguas alumnas de mi colegio, y me di cuenta de que, en el resto de los coros cantan el AVE Verum de Mozart más rápido de lo que es en realidad. No les da la respiración para hacerlo a su tiempo…
    Creo que es porque no saben lo que están diciendo y, como no se concentran, se quedan sin aire… si pudieran abstraerse y cantar de verdad, con sentimiento, podrían hacerlo, creo
    , porque no estarían pendientes de la
    respiración..
    Me estoy volviendo viejísima, Javier. Se me saltan las lágrimas con el AVE Verum y con los niños… sobre todo si son mis nietos… jajajaja
    Con lo poco llorica que era yo…..

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