Que la experiencia no mate a la inocencia

Eso pedía Charles Péguy, quien recomendaba «aprender a desaprender». Octavio Paz ,en un poema respuesta a Ortega y Gasset, cuando este le recomendara aprender alemán y ponerse a pensar, escribe:» la ignorancia es ardua como la belleza, un día sabré menos y abriré los ojos…dentro de este mundo hay otro mundo, nunca lo vemos: es la transparencia».

La palabra «inocencia» procede del latín «innocens» ( in-nocens). «Innocens», a su vez, se deriva del verbo «nocere» (hacer daño). Así pues, el inocente es quien no hace daño.

El filósofo anteriormente mencionado pensaba que toda inocencia ,en cuanto pierde pié en la realidad, es paradisiaca. Antonio Machado hablaba de «esta segunda inocencia que da el no creer en nada». Sea como fuere , una vez atravesado el umbral de la infancia , se nos insta a madurar y a recibir las lecciones que da la experiencia. «¡Cuando tengas experiencia de la vida !» , exhortan y reconvienen los mayores a los jóvenes.

Existe una falsa madurez que, en muchas ocasiones,en nombre de la experiencia y el realismo, no es sino una abdicación: de las ilusiones más hondas, de la auténtica vocación e incluso de la sed del propio corazón. Una madurez abocada al resentimiento, al escepticismo complaciente,la ironía, el sarcasmo y el irrefrenable placer de quebrar la dicha, siempre apelando a la verdad, de quiénes aún son un molesto espejo para su alma. Un placer parangonable al de Don Juan al seducir, conquistar y burlar a un alma enamorada, o a esa enumeración enfática de razones que el descreído arroja al fiel con el propósito de zaherirle y ponerlo en evidencia. Pues hoy, los alquimistas , trabajan y se empeñan en reducir el oro a plomo y el alma a partículas elementales. Tal vez sea hora de sospechar de la filosofía de la sospecha, envidiosa de cuanto aún queda en pié y se resiste a la demolición.

Falsa madurez la del Judas de si mismo,incapaz de asombrarse por nada ni por nadie y a cuya indolencia , cinismo y hastío, llama lucidez. Reduce la vida a un libro de contabilidad , se jacta de cuanto ha logrado a expensas de los inocentes, siempre imbéciles para el. Mas existe también esa madurez que habiendo atravesado el crisol de la experiencia es como la fruta de un árbol a punto de caer. Friable, zarandeada por el viento, amenazada por la helada, desvaída o saturada, nunca verde , a un paso de pasarse , mas, con todo, fiel a su núcleo.

Javier Estangüi Ortega

1 response to "Que la experiencia no mate a la inocencia"

  1. By: Pablo Fuentes Posted: 22 abril, 2024

    Qué lejos el ingenuo del inocente.

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