«Doble pensar»
«Winston…conocía y no conocía…retenía simultáneamente dos opiniones que se anulaban…Empleaba la lógica contra la lógica. Repudiaba la moral mientras la reclamaba. Olvidaba todo cuanto era necesario olvidar,para traerlo a colación a su memoria cuanto tenía necesidad de ello, para olvidarlo más rápidamente aún…Ahí estaba la última sutilidad . Persuadir conscientemente al inconsciente, acto seguido volver inconsciente el acto de hipnosis que se acaba de perpetrar.»(George Orwell, 1984).
Existen numerosos casos del doble pensar por quiénes profesan de acólitos de los cínicos. Por ejemplo reivindicar la igualdad de derechos y a la vez establecer cuotas o aprobar leyes que discriminan a la mitad de la población, tanto, en unos casos , para beneficiarla ,como, en otros, para subvertir el derecho y convertir la presunción de inocencia en culpabilidad. Existe doble pensar cuando se apela hasta el hartazgo a la soberanía popular a la vez que se practica una incesante «ingeniería social» para destruir a los pueblos. Existe doble pensar cuando se tacha a naciones, identidades y fronteras de atavismos ;y mientras se defiende la emigración ilegal y la libre circulación de los «fondos de inversión», se reclama a la vez para Cataluña ,por ejemplo, su derecho a la identidad, a constituirse en nación y erigir fronteras. Existe doble pensar cuando se discursea sobre la moral y la integridad para, acto seguido, justificar cualquier indecencia. Existe doble pensar cuando los autoproclamados abanderados de la libertad y los derechos atentan contra la libertad de cátedra, impiden a los disidentes exponer sus ideas y crean con voracidad de lobos hambrientos delitos de opinión. Y existe doble pensar cuanto en nombre del progreso, los derechos humanos y la tolerancia se somete al Apartheid cultural y civil a quiénes no se han dejado sobornar por cuantos halagos, premios, subvenciones , trajes de celebridad de ocasión-en realidad camisas de fuerza-,y jaulas de oro, les han ofrecido las celestinas de la correción cultural y política.
Javier Estangüi Ortega
Aunque el «doble pensar» pueda ser una estrategia de seducción, si el poder se esconde tras tremenda hipocresía, ¿no será esa cobardía la señal inequívoca de su debilidad?