Delitos de odio
A mi juicio legislar acerca de los sentimientos es un dislate :muestra no sólo la perversión a la que se somete al lenguaje sino la intención totalitaria del legislador . Para reparar en lo absurdo de tal proceder basta con preguntarse ¿Y por qué no hay también delitos de ambición, envidia , afán de poder, etc?. Sentimientos, como se sabe, tan nocivos como el odio. Legislar sobre intenciones y sentimientos es, en realidad , además de un despropósito, justificar la creación de un cajón de sastre para juzgar y encarcelar a los disidentes.
Hay profesores expulsados de sus cátedras por no sostener lo políticamente correcto:las ideas pegatina del partido plural único formado hoy tanto por la izquierda como la derecha (por lo demás términos vaciados de significacion alguna) . En nuestro país se ha imputado a un periodista por sus ideas y la información que ha dado sobre la guerra de Ucrania. La censura aboca a la autocensura , a esa epidemia donde uno mismo se pone un bozal antes de hablar , un corsé para sentir y comprime a su espíritu con la camisa de fuerza de lo prescrito por las ideologías políticamente correctas; las cuáles por lo demás garantizan sinecura y medro.
Las acciones vejatorias,las agresiones ,los insultos y calumnias deberían ser penados por la ley al margen de quiénes sean las víctimas de tales, pero no los sentimientos ni la expresión de las ideas por disparatadas que estas nos puedan parecer. Si ,»las ideas tienen consecuencias», como reza el título de un extraordinario libro.Mas la persecución de éstas y de los sentimientos acarrearán consecuencias mucho más graves.
«Discrepo de cuanto usted dice pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo»,escribió Voltaire. En este caso y por esta vez , «el príncipe de los superficiales» como lo llamó Baudelaire , es un revolucionario para nuestro tiempo donde la Neoinquisición con una mano juzga y encarcela mientras con la otra reparte ,disfrazada de benefactora de la humanidad , sus envenenadas golosinas.
Javier Estangüi Ortega
Excelente artículo, Javier. Como decía Savater, las ideas no son vacas sagradas. Los seres humanos son absolutamente respetables mientras que sus ideas, una vez expresadas, están a disposición para ser rebatidas o matizadas libremente por bien del conocimiento. Los amos del mundo, sabiendo de su sinrazón, evitan por todos los medios el debate imponiendo la censura, como por ejemplo, a través de la ley de delito de odio.