Delincuentes «culturales».
Llaman cultura a un tráfico obsceno de ideas enmohecidas e ideologías oxidadas. Necesitan resucitar viejos fantasmas del pasado contra los que libran batallas imaginarias en nombre de la libertad , a la que sacrifican sus víctimas tras haberlas endosado sambenitos desgastados,pues llevan decenios dando la espalda a la realidad. Son generosos con el dinero ajeno,mas sacuden como posesos,no el árbol de la ciencia, sino el de las subvenciones , medios con los cuáles sacan a pasear en procesión sus pobres ocurrencias e ideas-pegatina. Tras la camisola del transgresor y el revolucionario se esconde siempre la peluca del juez y del fiscal y el hacha del verdugo. Halagan a obreros y campesinos a quiénes desprecian en su fuero interno tachándolos de papanatas o paletos mientras ellos se sienten elegidos por las Musas. Musas escuálidas y estériles, a su medida. Ofician aquelarres secretos a Babel y al becerro de oro. Su crear es un hurgar, un manosear y un obstruir, una mezcolanza de pamplina, rabia,lloriqueo y pregón sectario y chocho.
Si son cineastas enarbolan la bandera de los tópicos de lo políticamente correcto, a la vez que se adjudican el monopolio de la disidencia para eclipsar al auténtico disidente :al lobo estepario que habita siempre al margen de sus conventículos, endogamias y hermandades.
Si son escritores se refugian siempre en la novela policiaca o de intriga, de aventuras o pseudohistórica. Maestros del género chico. Todo con tal de no confrontarse con su mundo como hicieron los grandes.
Si pintan sirven, no a la belleza, sino al mercado. Convirtiéndose así en imitadores vitalicios de si mismos.
Su fama, su grandeza, es la de los eunucos del alma, tumefactos y engolados por cuanto carecen: el valor de saber cuanto valen sus obras al desnudo, sin cobijarse bajo los árboles del poder ni del mercado.
Javier Estangüi Ortega
Qué escritura tan magistral para retratar tanta infamia.
Gracias por tus palabras.