Actúan como hablan
No hace falta ser poeta o escritor, no hace falta mantener una relación carnal con la palabra para sentir como rechina nuestra alma cuando se maltrata el lenguaje o se distribuyen «palabros» por doquier.
Confucio decía que la primera medida para iniciar una genuina reforma política era comenzar a hablar con propiedad , y eso es precisamente lo que hoy se nos hurta a cada paso. Es como si una policía secreta del alma en nombre de un ministerio de estulticia o de ingeniería social ,tuviera como misión exclusiva confiscar el hablar con propiedad. Y nada de cuanto ocurre con el lenguaje carece de consecuencias. El lenguaje moldea nuestro pensamiento y nuestra sensibilidad , así como la forma que tenemos de interpretar y referirnos a cuanto nos rodea. Por eso los llamados lenguajes»totalitarios», estudiados por Orwell, Dolf Sternberger, Victor Klemplerer y Alexander Wat, se han caracterizado entre otras cosas por lo siguiente:
-Ser impuestos desde el poder.
-Someter al lenguaje a un radical empobrecimiento tanto del vocabulario como de la sintaxis.
-Perder la referencia con la realidad o escamotear ésta. Lenguajes ocluidos, cerrados sobre si mismos.
-Despreciar la herencia de la tradición. Tratar de ser Neolenguas.
El que un presidente hable de «soldados y soldadas».(La soldada es la paga dada a un soldado), para referirse a los hombres y mujeres del ejército, o una ministra declare que para salir de la actual crisis es preciso pedir asesoramiento a «los mejores y las mejoras economistas», ciertamente puede ser una añagaza para desviar nuestra atención de asuntos de más envergadura, según creen algunos. Por mi parte lo considero un asunto mayor y un signo de este tiempo de plomo. Dentro de poco tan solo escucharemos onomatopeyas y esa lengua de madera propia de quien está completamente vacío y cuya desmirriada matraca verbal es la de un disco rayado.
La palabra «imbécil», nos recordó la Academia ,es un adjetivo que se aplica tanto a hombres como a mujeres. Quien maltrata el lenguaje empieza ya a maltratar la realidad-lo que no quiere decir que quiénes no lo hagan sean seres bondadosos-,y a la postre sus acciones serán tan desmañadas, titubeantes o mecánicas, como su propia forma de expresarse.
Chateaubriand con su verbo fulgurante decía que su época era un tiempo de escasez , tanta «que hay que ahorrar hasta el desprecio.¡Son tantos los necesitados!».En la nuestra sobreabunda todo salvo el pensamiento, la sensibilidad y el buen decir. Si al margen de cualquier partido nos gobiernan párvulos del espíritu , su hacer será inevitablemente desastroso.
Javier Estangüi Ortega
Como bien dijiste una vez, el lenguaje políticamente correcto no aparece en asuntos graves. Los medios no se atreven a hablar de muertos y muertas. Ni en guerras ni en calamidemias.
«Soldadas» y «mejoras». ¿Qué vil jerga es ésa que desprecia lo femenino humillándolo a una errata, una confusión o un error linguístico?