La pitanza envenenada de la propaganda.

Se pregona hasta el hartazgo que :»la primera víctima de la guerra es la verdad». Se presupone así, ingenua o maliciosamente, que esta, como una doncella impoluta, existía antes de aquélla;como si la propia guerra la hubiera mancillado y violentado. Mas no es así:la verdad ya era previamente una «rara avis» habitualmente perseguida u orillada e incluso,para quiénes no han sido arrastrados por el turbión de la propaganda, la guerra puede abrirles los ojos y llevarles a preguntas nunca antes formuladas.

Cierto es que las mentiras de la pre-guerra no bastan para declarar la guerra, ésta precisa como requisito necesario una Gran Mentira, una coartada ante la cual la población pueda ser alistada emocionalmente sin reservas creyendo enarbolar la bandera de una causa mas que justa.

Así la última guerra contra España fué precedida por una campaña de la prensa del magnate Randolh Hearst, según la cual el mando español había sido responsable de la voladura del acorazado Maine. Hoy sabemos que quiénes se fingieron víctimas fueron , en realidad, sus autores; pero entonces el alibí para declarar la guerra caló en la población. Lo mismo aconteció cuando se acusó a los tropas irakies, al invadir Kuwait, de asaltar las incubadoras de recién nacidos para asesinarlos. Naturalmente la sociedad estadounidense se soliviantó anta tamaña atrocidad. Ignoraban que cuanto vieron en la televisión no era sino un montaje realizado en los mismos Estados Unidos por una importante empresa publicitaria, protagonizado además por la hija del embajador de Kuwait en dicho país, fingida testigo horrorizada de los hechos. ¿Recuerdan el abatido cormorán petroleado que se nos sirvió en bandeja para alimentar el odio hacia el régimen de Sadam Husein cuando se le acusó de incendiar los pozos de petróleo?. Se trataba de una imagen tomada junto a la costa de Australia cuyos estragos fueron causados por un petrolero. ¿Y las «armas de destrucción masiva-cómo si hubiera armas de construcción-tan cacareadas por la prensa para emprender otra guerra contra Irak?. Jamás halladas , pues sería realmente milagroso encontrar algo inexistente. ¿Y el caso narrado por la historiadora Anna Morelli en su breve libro «Principios fundamentales de la propaganda de guerra» que justificó la desmembración de Yugoeslavia y los bombardeos a Belgrado?.Una supuesta campesina salía en pantalla sollozando mientras mencionaba las numerosas fosas comunes a las cuales arrojaban los cadáveres causados por las matanzas del ejército serbio. Se trataba de una añagaza ensayada para causar el efectó que causó.

Anteayer, cuando escuché a una mujer refugiada en su casa de Odessa relatar como los rusos estaban incendiando una central nuclear, mientras otra en días anteriores acusaba al ejército ruso de utilizar niños ucranianos como escudos humanos, temí lo peor. Naturalmente al periodista que preguntaba desde Madrid no se le ocurrió inquirir como sabían tales cosas, pues su fuente no podía ser sino la propaganda de guerra de su propio país. Pero al susodicho periodista de pacotilla no le interesaba esto, sino la confirmación de la propia propaganda vertida por el medio al que dócilmente servía. En realidad, un caso de autismo intencionado disfrazado de información. Un eco propagado de quiénes mandan y pagan.

Porque la guerra en Ucrania dura ya ocho años durante los cuales se ha bombardeado a los prorusos de las provincias del este, se ha impedido a sus hijos ser educados en su lengua materna y se les ha negado el pan y la sal incumpliendo los acuerdos de Minsk.

Y no se trata de ser rusófilo, como señalaría inmediatamente el dedo insidioso de la propaganda, sino de tratar de buscar la verdad.

Por otra parte, como me hizo ver mi hermano,¿quien viviría tranquilo con un francotirador apostado junto a su casa?. Pues bien,la Otan ha incumplido reiteradamente las promesas de no expandirse hacia el este.

Cierto, sabemos como trata el régimen ruso a sus disidentes, mas también sabemos como el autoproclamado a bombo y platillo «mundo libre», como hoy se pavonea un diario, trata a la verdad. Hasta que punto tal mundo censura emisiones y noticias a la par que se escandaliza cuando , del otro lado, se censuran redes «sociales» ; la virulencia con la que se ofusca y pone el grito en el cielo contra quiénes no comulgan con ruedas de molino y rechazan atiborrarse con la pitanza envenenada de odio que les sirven como manjar.

No faltará mucho para que tengamos que exhibir la bandera de Ucrania, como antes el pasaporte Covid,para recibir el salvoconducto de ciudadanos decentes. A imagen de esa reina engalanada con los colores de dicha bandera que perdió la ocasión de exhibirse con el traje blanco y la paloma de la paz.

«Prefiero a mis asesinos a otros asesinos», declaró hace años un extraordinario cantante canadiense. Lo cierto es que estamos, en última instancia, en manos de criminales. Mas para quiénes piensen que así ha sido siempre y así será, es deber recordarles todo el bien que aún hay en el mundo y toda la belleza. Todo cuanto nos da fuerzas para no probar la pitanza envenenada, ni para alistarnos con ninguno de los criminales.

Javier Estangüi Ortega

2 response to "La pitanza envenenada de la propaganda."

  1. By: Blanca Posted: 7 marzo, 2022

    Totalmente de acuerdo.
    Y hay que añadir que «Occidente» se lo ha puesto muy fácil gracias a los incumplimientos, pero sobrr todo, por nuestra debilidad como sociedad y nuestra falta de valores y compromiso, o responsabilidad..

  2. By: Pablo Fuentes Botella Posted: 7 marzo, 2022

    Muy necesaria y estimulantes reflexiones. Resistimos porque creemos en la virtud. Quien busca la verdad nunca se preocupa en censurar, no intenta comprar a nadie, no se vende por nada. Quienes censuran justifican que » no se cumplen las normas de la comunidad». Pero sabemos que no hay peor totalitarismo que el que se camufla y esconde en la hipocresìa. La censura, la mentira y la propaganda se entienden entre sí perfectamente. Porque nos quieren en sus manos, son criminales. No. Nunca. Jamás.

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