El síndrome de Estocolmo

La persona secuestrada, sumida al cabo en el desaliento y la impotencia, incapaz de librarse de la garra de su captor, puede empatizar paulatinamente con este, justificarlo e incluso sentir debilidad por el. El Psicoanálisis denomina «identificación con el agresor» a este mecanismo de defensa. Quien se encuentra doblegado ante un poder percibido como abrumador, trata de ganarse, consciente o inconscientemente, a quien lo detenta y, por paradójico que pareza, busca refugio en el agresor. El caso de muchos niños y mujeres maltratadas es similar.

Mas cuanto sucede con las personas también sucede con los pueblos. El autócrata dispone de varios medios para doblegar la conciencia moral de un pueblo:sinecuras y favores otorgados, una incesante propaganda y la tendencia, casi inevitable, a la que sucumben incontables detractores y disidentes del régimen cuando creen que tal poder, al que al principio se resistían, no parece ser estiercol de un día, y ahora lo consideran inderrocable.

El temor a romper filas y hallarse solo, el pánico al ostracismo e incluso a una percepción falsa de la realidad: ver negro donde todos dicen blanco, acaba por minar su resistencia. El desánimo y la desesperanza ante lo que ahora parece una coraza hermética, inducen al fatalismo. «La suerte está echada» , se repite la conciencia conformada. Todo esto alimenta este síndrome de Estocolmo colectivo y la anteriormente mencionada «identificación con el agresor». Así un vulgar gañán puede ser adornado con las cualidades de una astucia maquiavélica, un falsario de tres al cuarto tenido por un admirable estratega y un palmero agarbanzado alabado como profundo intelectual.

La «identificación con el agresor» se hará añicos cuando el pueblo repare, tal vez merced a un desastre, hasta que punto aquellos falsos relumbrones estaban tan desnudos como el rey del cuento. Aunque las crisis también pueden reforzar la autocracia si ésta idea un chivo expiatorio interno o externo para eludir sus crasos yerros. Tarea de quiénes resisten es ayudar al despertar de las conciencias ,de modo que cuanto parecía un muro impenetrable no sea percibido sino como el fruto de la propia parálisis.Horadar cuanto creíamos un muro , agrietarlo ,esa es la tarea. Entonces el gigante se transformará en un pigmeo y el hierro en papel mojado.

Si no nos libramos de la ceguera y la sordera alimentada por los «medios «y de la «identificación con el agresor», nos despeñaremos adormecidos con cantos de sirena. Ciegos y sordos.

Javier Estangüi Ortega

2 response to "El síndrome de Estocolmo"

  1. By: Blanca Posted: 20 enero, 2024

    Pero es difícil convencer a los que no quieren enfrentarse a lo que significa “despertar “, a veces por cobardía, otras veces por falta de inteligencia y muy a menudo por las dos cosas, cuando la respuesta suele ser de alguna manera agresiva.
    Yo sigo yendo a Ferraz siempre que puedo, normalmente cuatro días por semana, y lo que más me cuesta es decírselo a los que sé que me va a costar una discusión..
    La verdad es que si me quedo en casa me siento mal, y cuando voy acabo tronchada de risa, aunque veo claro que voy por algo que es trágico. Es como cuando de pequeño te entra el ataque de risa en un entierro, de puros nervios…,
    En estos últimos tiempos me están pasando cosas raras… jaja. Será que me queda poco, aunque si salgo a mi madre no debe ser para tanto……jaja

  2. By: Pablo Fuentes Posted: 22 enero, 2024

    La ciencia, parasitada; los medios, censurados; la educación, dirigida, el conocimiento, ocultado; la belleza, proscrita; la libertad, perseguida; la humanidad, secuestrada. Despertemos a nuestra propia dignidad y defendámosla hasta nuestro último aliento.

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