Los cuatro nacimientos

Llamamos «dar a luz» a ese maravilloso acto por el cual el nonato sale del espacio protector que ahora, Jano enigmático, amenaza con convertirse en tumba y por fin corona-palabra extraordinaria- , para-recién preso de lujo, cobijado y nutrido-, salir a la luz.

Frédérick Leboyer ha narrado minuciosamente de forma magistral ese viaje. Ahora sabemos que el nonato no es «arrojado al mundo» o «expulsado al mundo», como pensaron algunos existencialistas;sino que en el anida ya el impulso de abrirse camino hacia la luz para realizar el viaje más importante de su vida. No es una criatura pasiva, expulsada de la madre por las contracciones de ésta. El mismo busca la salida de ese túnel cuyas paredes se estrechan casi hasta asfixiarlo. Ha permanecido ovillado durante meses y ahora podrá estirarse. Ha de respirar por si mismo y la primera bocanada de aire le abrasa. Sumido en la oscuridad como un pez en el fondo de las aguas, la primerá y súbita luz casi le ciega. A contra luz, «contra-lucem», dice, forzando la etimología Angel Garma , para referirse al estado del neonato como al de un «alucinado». Stanislav Grof ha escrito un libro para referirse a las fases de ese viaje en el cual, según el, se acuña de forma indeleble cuanto seremos. A cada fase la llama matriz perinatal. Y Otto Rank ,en una obra titulada :»El trauma del nacimiento», se refiere a este para señalar el prototipo de los traumas ulteriores:separación, pérdida, mas también, habría que añadir, vida nueva.

El segundo nacimiento tiene lugar cuando el ser humano descubre el mundo del espíritu. Rara vez coinciden el padre y la madre carnales con el progenitor espiritual. Aquí se resquebrajan numerosas evidencias, mas el horizonte se dilata hasta dimensiones ni siquiera barruntadas.

El tercer nacimiento es el nacimiento al amor. Para el hombre la mujer se transforma en maga iniciática. Este vínculo jamás será como el vínculo con la madre, en cuyo seno se satisfacían hambre y amor. Querer recrearlo no será sino fuente de tragedia. Mas su deleite será inmenso porque aquí entran en juego dos almas, dos historias. Unión anhelada e imposible, sed jamás saciada. El beso de Brancusi es la mejor expresión de ese anhelo de unión total y, a la vez, de su imposibilidad; a la que jamás se rinde Eros.

Y el cuarto nacimiento se da en la experiencia de la finitud, del paso del tiempo, de nuestra condición de mortales. Ya no nos limitamos a saberlo o pensarlo, experimentamos su intensidad. El arpón del tiempo se ha clavado en nosotros y sangramos sintiendo que cada momento es único, «que la vida iba en serio», como escribió un poeta.

Los encuentros y despedidas se sienten con una nueva intensidad. Y nuestros contemporáneos, quiénes han coincidido con nosotros en esta vida, se abren a una dimensión nunca antes sentida:la de una fraternidad no sostenida por ideología o afinidad alguna, y que bien podría llamarse «la fraternidad del barro».

«¿Por qué lloras?», preguntó un oficial a Jerjes en vísperas de una batalla decisiva. «¿Acaso temes al enemigo?». «Lloro-respondió Jerjes contemplando a su ejército -porque ninguno de estos valientes estará vivo dentro de cien años» . Así dijo quien alzado por la soberbia ordenó azotar al mar cuando navegaba y una tempestad contrarió sus deseos.

Nuestro Jerjes interior se ilumina con el tiempo. Y también llora.

Javier Estangüi Ortega

1 response to "Los cuatro nacimientos"

  1. By: Pablo Fuentes Botella Posted: 18 mayo, 2022

    Pensando sobre ese cuarto nacimiento me viene a la memoria el día que vi a mi abuelo darse un grandísimo abrazo con un amigo con quien se acababa de encontrar. Quedé gratamente impresionado por gesto tan «luminoso».

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