El Oportunista

Como carece de ideología propia, la política es el perro muerto que arrastra la corriente, bien de las encuestas, bien del propio interés. Pero al final la realidad se impone. Y cuando se la cierra la puerta, entra por la ventana. Tan pronto como las estrategias terminan en callejones sin salida; para ahuyentar la depresión de los reveses electorales, todos los fracasos propios han de concebirse como efectos perversos causados por otros. Así cavila el oportunista. Hay que encontrar una coartada con la que excusarse de las propias limitaciones, un pretexto para no asumir la responsabilidad y transformar culpas en méritos.

Ante cada fracaso electoral se busca un anestésico con el que paliar la aflicción. Un exorcismo. Un toque de varita mágica que transforme los defectos en prendas, la mediocridad en excelencia. En lugar de buscar cómo salir de la situación que el mismo ha creado, el oportunista siempre prefiere una evasiva. En vez de analizar el porqué le ven así los demás , el oportunista prefiere mirarse de otro modo. Mejor desmentir y recusar que analizar su propia esencia. «Todos contra mi», se autojustifica ante cada revés. Porque el estatuto de víctima da derecho a la negación de la responsabilidad. Porque para el oportunista, siguiendo a Nietzsche :» No hay hechos, sino interpretaciones».

. Carlos Estangüi Ortega

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