Zoos del alma
-¿ Has visto alguna vez un zoo del alma?
-¡ No!. ¿ Existen acaso?.
– Tiempo al tiempo. Escucha: los zoos fueron contemporáneos de los museos. Cuanto menos animales salvajes existían y existirán ,más zoos se crearon y crearán. Con los museos, esos zoos del arte, sucede lo mismo. Cuanta más belleza desapareció y desaparecerá de las calles, las villas y ciudades, más museos se crearon y crearán.
-Vas demasiado deprisa. Te embalas, se te desata la sin hueso y ya no hay quien te embride. Eso de los zoos del alma ,francamente, me parece una extravagancia.
-El zoo , como el museo, reúne en un recinto muy limitado un conjunto abigarrado de especies y obras de arte sin relación alguna entre si. Salvo, claro está, para los zoólogos y los profesores de arte , especialistas en saltar de una especie a otra, de una obra a otra, como si jugarán a la Oca. De especie a especie. De artista a artista. Y tiro porque me toca.
– Eludes el asunto. Das circunloquios y aún no me has aclarado eso de los zoos del alma. Me da que disfrutas llamando la atención con frases llamativas. Te asemejas a los escritores y conjuntos actuales: vierten todo su talento en los títulos de sus novelas y en los nombres con qué bautizan a sus bandas. Por lo demás, mucho ruido y pocas nueces.
-Despoja a los hombres de tradiciones, fuentes, alas y raíces. Agrúpalos en un mismo espacio, como en los zoos y los museos. Inyéctalos dosis crecientes de propaganda, ese endriago de laboratorio llamado » multiculturalismo», y tendrás un zoo de almas. Un mundo abigarrado , despojado de cualquier continuidad e identidad que no sea prefabricada. El folklore de ocasión reemplazará a la cultura, el disfraz al rostro. Babelia y Globalia serán los nombres de sus respectivos destierros. Y una humanidad desterrada ya no será humana.
– Muy bien , pero tú vives ya en Babelia y Globalia. ¿ Sería mejor , siquiera posible, un círculo cerrado?.
– Y muchas veces incluso en Babia. Babelia y Globalia , no te dejes engañar por los vocablos, son un círculo cerrado. Los árboles se unen por las raíces y las copas. Abatidos por la motosierra se tocan, pero ya están muertos. Déjame , citadino como soy, que alabe, como el poeta sueco, al animal del bosque, al que huye de los cazadores y hasta muere, antes de cobijarse en la seguridad de la jaula.
. Javier Estangüi Ortega