Se lo que sois: revolucionarios de pacotilla
Aprovecháis la injusticia y la miseria para medrar, hacer carrera, encaramaros al poder y daros la vida padre como en vuestro interior habéis secretamente deseado, despojados ya de la careta del revolucionario y de los afeites que empleáis en público para dar el pego a los incautos. Habláis de justicia y pensáis en el poder. Habláis de derechos y pensáis en sojuzgar a quiénes se os oponen o denuncian vuestra impostura. Habláis de igualdad y afiláis la hoz para segar a quien rebase vuestra medianía y se convierta en un molesto espejo para vuestros negociados, bolsas y tráfico con el dolor ajeno. Vuestro hablar es serial y maquinal, colmado de consignas, ideas espray y pensamientos pegatina. La inteligencia al escucharos se sume en una somnolencia hipnótica: vampirizáis y necrosáis el pensamiento.
Os servís de Auschwitz tan sólo para acallar el Gulag y Kolimá. Una revolucionaria de verdad, Rosa Luxemburg, escribió que lo más revolucionario es la verdad. Verdad despreciada por vosotros si no sirve a vuestros planes. El hombre nuevo con el cual soñastéis no es sino el hombre envilecido, el verdugo sediento o el muñeco de guiñol de vuestras desvaídas ideologías de cajita de música.
Cuando gozáis de poder desconocéis la piedad, la compasión , la humanidad. Por contra, cuando el poder os persigue invocáis como plañideras los derechos humanos . Derechos en los que os ciscáis y empleáis de escupidera cuando se trata de alcanzar el poder. «Poder» , esa es la palabra hueso que os hace babear.
Ya no invocáis al pueblo, al que despreciáis y tratáis de aniquilar por medio de toda clase de ingeniería social. Tampoco mencionáis al proletario. Ahora decís » la gente», como se llama una de las revistas del corazón ( en realidad, vísceras).
» Los otros roban más», he oído recientemente despacharse a uno de vuestros muñecos de guiñol. «Franco mató más», esgrimen quiénes celebran como héroe a quien ordenó asesinar a Miguel Ángel Blanco. Porque vosotros, esa es vuestra triste catadura, antes de perseguir al ladrón o al asesino, solicitáis su filiación.
Os habéis apropiado de causas auténticas, justas. Habéis esgrimido nobles vindicaciónes , mas estás no son sino el paño para cubrir vuestras vergüenzas. Y, en realidad, habéis oficiado de agentes de la globalización y de los realmente poderosos. Habéis promocionado la ideología » woke». Rompéis cadenas hace ya mucho tiempo rotas porque sois perezosos, inmensamente perezosos de mente, salvo cuanto se trata del trapicheo, la propaganda y las tácticas de manipulación, para las que sois doctores cum laude. Y he ahí en resumen vuestro traer el cielo a la tierra: ya podemos y debemos decir » el, ella y elle». ¡ Que hazaña sin igual!. Enhorabuena.
. Javier Estangüi Ortega