Purificación

Apenas puedo dibujar tu rostro devorado por el tiempo y el olvido, casi arrojado a la fosa común en la que los años entierran los recuerdos fenecidos. Te llamabas Purificación, » la Puri», para los chicos del barrio. Pecosa- no tanto como » la Susi»-, flaca, triste y muy blanca. Te mató una sobredosis. En el barrio se decía que eras fácil y regalabas un beso a quien te lo pedía. Jamás me atreví a pedírtelo, tímido y orgulloso como era . Te lo pido ahora que se que yo era ciego y tú noble y generosa. Te lo pido ahora para no ser menos que ellos: Rufino, Fernando, Pascual, Manolo…Para no ser mas que ellos. Me comprendes,¿ verdad?. Desnortados perros callejeros, ahítos de soledad, sedientos y, a la vez, temerosos de amor, quisiste horadar nuestra coraza de dreas y de motes, de impostada hombría ; y te desgració la realidad. Ignorabas que hay un ángel que no cabe en este mundo. Que tu crisol, sin la ayuda del tiempo y de la vida, no podía aún separar el oro de la ganga. Guarda este escrito como prenda, te ruego. Y si volvemos a encontrarnos bendíceme con ese ósculo de aceptación y amor que nunca me atreví a pedirte. Y siéntate a charlar conmigo , hermana del alma, hermana mía.

. Javier Estangüi Ortega

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