Apología de la agricultura
Es sabido que la palabra » cultura» procede de » culto» y de » agricultura».Como la palabra «saber» procede del verbo latino » sapere» , cuyo significado es el de saborear. El culto, cultiva; y el saber tiene sabor, sabe.
No es por azar alguno el que la mayor parte de la fruta actual, suministrada por la agroindustria, y la cultura publicitada por los media, sean tan insípidas y carezcan de nutrientes. La agricultura es el anillo de alianza con el que el hombre, la cultura, se desposa con la tierra. Su divorcio abocará tanto a la desaparición de la campiña como de la ciudad propiamente dicha. Aquéllas hermosas ciudades rodeadas por un acantonado y silente ejército de plantas, árboledas, animales, bosques y misterios. En trance de desaparición, devastada por la agroindustria, la extinción de los agricultores, pueblos y aldeas, conllevará la inexorable destrucción de la ciudad, su transformación en megalópolis.
A la postre quedarán algunas » reservas naturales» precintadas y acotadas para la cuáles será preciso solicitar permiso para visitar, y megalópolis inhabitables de hombres desenraizados , despojados de tradiciones y de una genuina cultura, que conservarán » reservas citadinas» destinadas a los turistas, islotes de antigua belleza condenados a la denominada » gentrificación». Y entre ambas, autopistas y enormes espacios desérticos cubiertos por placas solares, injertos artificiales y arrabales.
De la campiña , la naturaleza y el cultivo, nada sabremos. Nos limitaremos a contemplar ante una pantalla los documentales que nos sirvan ,en platos precocinados para los sentidos, Nacional Geographic o Netflix. El hombre ( el humus) y lo humano desaparecerán junto con la poesía más fecunda cuyo canto ha estado nutrido por sus emociones y pasiones y por cuanto pertenece a la tierra.
Entretanto los agricultores de hoy me parecen una suerte de apóstoles cuya palabra y cuyo hacer son ensordecidos por el estrépito de toda suerte de propagandas , pantallas y artefactos. Anuncian el vasto y maravilloso reino de lo natural y de la artesanía, frente a las fauces devoradoras de lo maquinal y lo producido.
Quisiera concluir este artículo citando un hermoso poema de José Ángel Valente. Dice así:
» El hombre de la tierra/ miró mis manos, dijo:/ – No conocen el peso de la tierra./ Escudriñó mis ojos:/ – No podrían distinguir a las semillas./ Alzose hasta mi frente:/- Ni el sol ni el aire la han sellado./ Dijo y volvióse a la tierra./ Largo tiempo la estuvo contemplando./ Nadie mediaba entre los dos) salvo la tierra…/ la miró con cuidado,/ luego vino hacia mi,/ solemne y simple,/ como si al fin me hubiese/ reconocido en ella».
Magnífica expresión de la milenaria alianza entre el agro y el estro. Abandonada la tierra, baldía, le faltará savia al poema , se desecará y morirá. Tan sólo quedarán ruinas y productos.
. Javier Estangüi Ortega
Entiendo tú afición por la fotografía. Tendrás recuerdos de haber estado allí
Pero echo de menos que no te fotografíes a tí mismo, o a otra persona en esos paisajes, para guardar un testimonio de que, una vez, allí había personas…