Cándido regresa una vez más

Como ya es sabido Cándido gozaba de la prerrogativa de viajar a capricho a través del tiempo , más no la de elegir el lugar donde aparecer. Quiso el destino, otros dicen el azar, que arribara a Mandilandinga. Nada más llegar lo sorprendió ver una inmensa cola que abarcaba varias manzanas. Y como su autor, arrepentido y a modo de compensación, decidió finalmente resarcirle de su ingenuidad otorgándole el don de las lenguas, pudo entenderse con facilidad con los nativos, mandilandingos o mandilandigüeños, que en torno a esto sus «bizarros» académicos cebados con forraje de primera, vanidad y múltiples sinecuras , no se podían de acuerdo. Y cuya acalorada disputa, eso si golosamente subvencionada, duraba ya dos lustros.

-«¿ Con que fin guardan esa cola interminable?»- decidió preguntar a uno de ellos.

-» Verá hemos venido a que nos pongan la vacuna contra los bulos. Una epidemia que según nuestros expertos buleros causa tantos estragos como el COVID».

-«¿ El COVID?» – inquirió Cándido presintiendo que se trataba de una de tantas abreviaturas de tal siglo.

-» Si, ¿ no se ha enterado?. Una epidemia terrible. Causó miles de muertes.

Como su atuendo, peluca, bombachos y casaca, no llamaban la atención en Mandilandinga decidió permanecer más tiempo en aquél lugar. Allí moraban nativos tan abigarrados que Cándido pasó inadvertido. Cabellos verdes, rojos, azules rosas. Brazos y cuellos repletos de tatuajes variopintos. Tanto es así que al principio Cándido, ignaro como era, pensó en estar entre alguna tribu primitiva. Mas pronto reparó en que tales tribus desconocían las vacunas.

Se aproximó a alguno de los recién vacunados para indagar sobre el terreno los efectos de tales remedios que, según se anunciaba en inmensos murales diseminados por toda la nación, eran inmediatos. Habló con varios de ellos. Y el caso es que cuando charlaban de asuntos cotidianos: el tiempo, el trabajo, la familia, el hogar, se comportaban con amabilidad y sensatez. Más cuando Cándido mentó asuntos relacionados con el gobierno, la política, la religión o las respectivas ideologías, observó hasta que punto mudaba el semblante de los vacunados. La voz, antes suave , se trocaba bronca y maquinal; tal como la de un cristobita o un muñeco de guiñol por el que hablara un ventrílocuo. El tono oscilaba entre la ardiente matraca y el organillo melifluo pedagógico. El más recatado se convertía al cabo en un maniqueo de armas tomar: nosotros-ellos; izquierda-derecha; amigo- enemigo; virtud- interés. A medida que hablaban se alimentaban de su propia bilis, el tono se volvía más enfático y lapidario, y la amabilidad quedaba anegada por la desconfianza y la aversión.

-Los vacunados preguntaron a Cándido por su credo. A este le pareció de mal gusto solicitar autos de fe a un visitante , así que se despidió de ellos. Uno le retuvo zafándolo del brazo y antes de que pudiera desprenderse de el, le conminó:»¡Está vacuna está prescrita por el gobierno e instancias supranacionales!.¡ Debe ponérsela. Es un acto democrático!.Vivimos en una democracia, gozamos de instituciones democráticas, opiniones democráticas , y hasta tenemos una ley de memoria democrática!».Cándido se despidió cortésmente de aquél afiebrado. Fantasioso y propenso a las analogías disparatadas y a pintar con brocha gorda en ocasiones, recordó entonces aquéllos regímenes otrora visitados por el llamados » democracias populares», rebosantes de » cultura popular», » tribunales populares» y » líderes populares». Y alejándose cabizbajo pensó :» tan sólo he hablado con unos pocos mandilandingos, espero que esa vacuna no sea sino un bluff como tantos otros en Mandilandinga.¿ O se dice mandilandigüeños?. Ni siquiera sus académicos han llegado sobre esto a consenso alguno, chupabotes vitalicios, divididos como estaban entre progresistas y conservadores.

. Javier Estangüi Ortega

1 response to "Cándido regresa una vez más"

  1. By: Blanca Ley Vega de Seoane Posted: 26 julio, 2026

    Pues la última vez que visité Mandilandinga y pregunté a uno de sus habitantes, no me pareció que se transformase en un muñeco de guiñol, o quizá era Chucky…. Cambiaban la postura, la mirada y la voz, y me recordaba más bien a la última vez que vi al diablo, que se me aparece de vez en cuando…

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