(4) La senectud
» Cuando de pronto se deje oir a medianoche el paso de una invisible comitiva con músicas sublimes y con voces…Abre la ventana y escucha emocionado…a la secreta comitiva. Y saluda, saluda a Alejandría que se marcha».
» No entres dócilmente en la noche callada/ que la vejez debería delirar y arder al fin del día…/ Y tu, padre mío, allá en la triste cima/ maldíceme o bendíceme con furiosas lágrimas te pido./ No entres dócilmente en la noche callada / Oponte, oponte furioso a la luz que se extingue».
«El hombre adquiere la plenitud de la belleza a los 33 años, la plenitud de la sensibilidad a los 43, la plenitud de la agudeza a los 53, la plenitud de la inteligencia a los 63, la plenitud de la sabiduría a los 73, la plenitud de la inocencia a los 83».
Tres poetas, dos cantos ante la inminencia de la muerte y otro a esa senectud que no se atrinchera en el miedo, la angustia ante la finitud, ni se convierte en rehén de un torpe egoísmo de quien se aferra a cuanto tiene para exorcizar lo inevitable.
Al anciano se le abre la posibilidad de contemplar el mundo » sub specie aeternitatis» y, por tanto , estar en armonía con el » ordo amoris»; es decir : ser un buen tasador del alma : no otorgar más valor a lo que vale menos, ni menospreciar cuanto vale más. Posee el gran privilegio de ser consciente de la importancia del amor, la amistad , la compasión, el conocimiento y la mirada de ancho mundo sobre los ídolos de la tribu: el poder, el oro y el éxito social. A quiénes degradan la senectud a» tercera edad» , en esa visión miope , lineal y progresiva de la vida, en la que tan solo se contempla la decrepitud, hay que hacerlos saber que para el anciano , y especialmente para él, se abre la posibilidad de una generosidad sin medida( » irse desnudo como los hijos del mar»), del desprendimiento y del consejo. Posee esa consciencia única capaz de vislumbrar que tal vez el tiempo no sea sino un espejismo o un sueño de la eternidad. El anciano puede abrazar al niño que fué, al joven, al hombre maduro, a las formas y figuras de la tierra, a quiénes ya partieron ¿ Hacia donde?. Nadie lo sabe. Nadie sabe si Terminus será el fin o el preludio de un nuevo nacimiento. ¿ Prevalecerá el signo de admiración o el de interrogación?. Cuando advenga el gran naufragio, ¿ se cerrará el semicírculo o permanecerá abierto sin culminación posible?. Nadie lo sabe. Sólo la fe puede salvar ese enigma.
He comenzado citando a tres poetas y concluiré este artículo con dos de ellos. » Cada año una arruga más en el cuerpo y una menos en el alma», nos exhorta uno.» ¿ Para que – escribe el segundo-habría de desplegar sus anchas y cansadas alas el águila?». He visto ancianos sin apenas arrugas en el alma. Y a otros , frente a pajarillos que se pavoneaban ante ellos, exentos de vanidad, no desplegar sus anchas alas de águila.
. Javier Estangüi Ortega