Redes, trampas, cepos
El sociólogo Erwin Goffman se conchabó con el director de un psiquiátrico para ser internado en el mismo y estudiar tanto los comportamientos de los catálogados como enfermos, como también los efectos sobre éstos de las denominadas por el sociólogo » instituciones totales». Uno de los frutos de su estancia fué el libro » Internados». En el expone como , una vez que los sujetos son diagnosticados e internados son, a la vez, desposeídos del significado de sus palabras y actos. Palabras y actos que, a partir de entonces, llegan a ser reinterpretados en consonancia con los diagnósticos y la institución.
Así, por ejemplo, el mutismo, la murmuración , el farfullar, que en otros ámbitos expresan el desacuerdo de un ser humano ante una situación que considera injusta o violenta, como sucede con frecuencia en las escuelas o las prisiones, aquí son reinterpretados como actos de recalcitrante oposición y desafío al personal que vela por la salud del enfermo y, en consecuencia, reclaman un tratamiento más intenso. Jamás se piensa que bien pudiera tratarse de la legítima resistencia de un ser humano a ser recluido contra su voluntad, o al rechazo a un diagnóstico convertido en estigma, o ambas cosas.
Si como en las prisiones o los asilos los sujetos acumulan toda clase de adminículos: trozos de periódico, migas de pan, llaveros,etc; tal comportamiento será interpretado como un claro signo de demencia ; en vez de ver en él el deseo de una persona desamparada y desposeída por afirmar su identidad mediante algún signo de posesión y pertenencia. Si ,finalmente, el sujeto es encerrado en una celda acolchada, cuyo exiguo mobiliario se reduce a una silla y un colchón y llega a golpear con aquélla las paredes de su celda o las embadurna con excrementos, se verá en tales acciones un ataque desaforado de locura; en modo alguno manifestaciones desesperadas de un ser humano privado de la posibilidad de dialogar o escribir quién, con la pobreza de medios de que dispone, sólo puede manifestar su oposición de una forma empobrecida.
Mutatis mutandis , algo similar sucede con las ideologías de género, el movimiento » Me Too» y el llamado » feminismo radical», los cuáles consideran a todos los hombres como » violadores en potencia». Acuñados los términos de » ginocidio » y » feminicidio», y con la premisa anterior, cualquier relación de un hombre con una mujer , como en el caso de los diagnósticados de enfermos mentales, es vista y juzgada desde una nueva perspectiva: la guerra que, según está ideología, enfrenta a hombres y mujeres desde el origen de los tiempos.
Según escribe con verdad Paul Brucker (» Sufro, luego existo»ed.Siruela), : » todas las etapas de seducción , del consentimiento al acto carnal, han sido reconsideraras no en nombre del disfrute, sino de la eventual violación de la integridad de las personas». Así una mirada puede ser reinterpretada como una violación simbólica. Un gesto de cortesía : ceder el paso o ayudar a llevar una maleta ,como manifestaciones deleznables de un irredento » micromachismo». Hasta el coito , según Andrea Dworkin , no sería sino » una violación adornada con miradas sugerentes». O en los casos más extremos se justifica, se simpatiza o se exculpa, en nombre del todocomodín de la opresión del » heteropatriarcado» a la reciente filicida que estranguló a sus hijos.
Hubo épocas en las que se buscada con denuedo fantasmas y espíritus y, como se creía en ellos, se encontraban por doquier .En ellas prosperaban toda clase de exorcistas y cazafantasmas. Hay teorías que con idéntico celo ,y muchos más medios, buscan cuanto desean ver y, claro está, lo encuentran. En realidad se trata, como alguien reprochó al Psicoanálisis, de curas y terapias para la enfermedad que ellas mismas son y extienden. Y lo más llamativo del caso es que cuanto más fracasan al estamparse contra la realidad, más presupuestos y subvenciones reclaman y reciben. Así convierten sus fracasos en un gran éxito. Su terapia en una tarea de Sísifo. Un Sísifo con escaleras mecánicas, sin esfuerzo ni sudor alguno. Y, merced a los favores de que gozan y las dosis de propaganda con que se las engorda y publicita, nuestro vivir será más y más esquivar y denunciar toda suerte de trampas , redes, cepos
. Javier Estangüi Ortega