Entre el orden y el desorden
La vida se balancea entre el orden y el desorden, o mejor dicho, es a la vez orden y desorden. El exceso de orden la vuelve rígida, desecada, mecánica. El hombre se convierte en la pieza de un engranaje . A su vez, el desorden desmedido la aboca al caos, a la disolución en lo indiferenciado donde el hombre confunde la libertad con la carencia de dominio propio ; su voluntad con el sometimiento a las primeras impresiones e impulsos.
Y como ya nos enseñó Jung, las relaciones entre la conciencia y el inconsciente poseen un carácter compensatorio con el fin de restablecer el equilibrio entre ambas, alterado por un desarrollo demasiado unilateral. El exceso de reglamentos, normas, prescripciones y leyes, desemboca inexorablemente en un anhelo oculto e inmoderado de regresar al caos primigenio. Tanto como éste llama , a su vez, al restablecimiento del Cosmos y del orden, aún con mano de hierro. No es extraño que el caos de las revoluciones diera lugar, como herencia suya, a un poder y un orden implacable y totalitario.
El extraordinario libro de Bernard Charbonneau titulado » Le systeme et le Chaos» tiene el gran mérito de mostrar como el sistema en el que estamos provoca el caos y, a su vez, lo aprovecha para erigir un orden más y más totalitario. El autor menciona como Gilbreth, uno de los primeros discípulos de Taylor, relata en uno de sus libros la forma en que este» siniestro maniaco, tras haber organizado la fábrica, trató de organizar a su familia». A lo que nuestro autor añade con profundidad y belleza lo siguiente:» Así la casa, esa leonera tibia y desordenada que aún guarda la impronta de sus moradores, puede adquirir con la organización la eficacia de la fábrica. Cada gesto tiene su modelo, cada objeto su lugar…La racionalización totalitaria llega a ser más agotadora que el desorden cuando esté desorden es el nuestro, porque es más fácil a un hombre realizar diez gestos que uno sólo conforme a un modelo exterior…Se comprende que en ese universo todo individuo en el que aún subsiste la menor llama de vida propia, no tendrá sino una idea: armar un lío».
Los niños son grandes maestros del desorden, como los adultos hipertrofiados o deseosos de controlarlo todo lo son del exceso de orden. El juego es una síntesis entre el orden y el desorden. Es un signo esencial de nuestro tiempo el que nuestra civilización tienda cada vez más a programarlo y mecanizarlo, en suma, a convertirlo en trabajo y rendimiento. ”¡ Buen trabajo!» ,se alaba hoy a los deportistas que han alcanzado el resultado requerido. Pronto se exclamará también lo mismo de los niños que juegan.
Los desórdenes y estrágos , tal muestra Charbonneau, que ha causado y causa nuestra civilización, serán la legitimación y el pretexto de la red de acero de un orden mayor el cual, a su vez generará un mayor desorden. La crisis civilizatoria y ecológica nos abocará necesariamente, salvo que actuemos a tiempo y salvemos ,junto a la naturaleza, la libertad del hombre, a un orden global y totalitario, preludio de catástrofes y muerte. La bautizada » crisis climática» es a la vez prenda y rehén de los posesos del poder y el control total.
. Javier Estangüi Ortega
Allá por 2011 fui alumno tuyo de Historia de la Filosofía y aún guardo el recuerdo de aquellas clases, junto con un volumen de Sobre el poder, de Bertrand de Jouvenel, que compré siguiendo tu recomendación.
Años después, me encuentro en el trance de terminar el Máster de Formación del Profesorado de Secundaria y ante la posibilidad de empezar una carrera como profesor. Ha sido precisamente durante este proceso, al darme de bruces con una ley educativa absurda y retorcida, con sus pretensiones declaradas y con las teorías que la fundamentan, cuando he tomado verdadera conciencia de la valentía y la disposición personal que debieron de hacer falta para impartir aquellas clases tan sustanciales, que de suyo exigían pasarse por el forro decenas de páginas del *Boletín Oficial del Estado*.
Aquel libro de Jouvenel (Aún prácticamente desconocido para mí) ha terminado, sin haberlo yo pretendido, compartiendo estantería con muchos otros autores afines. Algunos de ellos me han ayudado a escribir este modesto trabajo de fin de máster, en el que trato de cuestionar las imposturas retóricas y los vacíos conceptuales sobre los que se construyen buena parte de los discursos que he encontrado en el máster. Lo hago a través de la cuestión de la técnica, que, aunque entendida en ellos de una manera bastante infantil y parcial, constituye paradójicamente uno de sus pilares fundamentales.
https://drive.google.com/file/d/120KOSfyfB1OtT5ubGPZI-KxetL1oJCaY/view?usp=sharing
A falta de otro canal más adecuado, elijo compartirlo en esta publicación por si tuvieras a bien leerlo, con la que existe al menos una relación de pertinencia tangencial: Ellul y Charbonneau fueron, al fin y al cabo, grandes compañeros y compartieron muchas de sus preocupaciones.
Un saludo,
Jorge.
No sabes hasta que punto me reconfortan tus palabras.No te desanimes por cuantos obstáculos salgan a tu camino. Leeré con gusto tu tesis. Y recuerda ese hermoso adagio que nos insta a encender una vela en lugar de maldecir la oscuridad. Todo está por descubrir, pensar, hacer.
Me esforzaré por estar a la altura y poder ayudar a que esa disposición continúe y madure en los demás. Gracias por todo.