{"id":4105,"date":"2026-06-01T10:31:39","date_gmt":"2026-06-01T10:31:39","guid":{"rendered":"https:\/\/elsabernoesunlujo.es\/?p=4105"},"modified":"2026-06-01T10:47:41","modified_gmt":"2026-06-01T10:47:41","slug":"las-edades-de-la-vida1-la-infancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elsabernoesunlujo.es\/?p=4105","title":{"rendered":"Las edades de la vida(1): La infancia."},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bb Todo nacimiento es hijo de una separaci\u00f3n\u00bb, escribe Hans Blumenberg. Mas esa separaci\u00f3n tan solo es f\u00edsica. El ni\u00f1o no s\u00f3lo no est\u00e1 escindido consigo mismo, sino que a\u00fan vive unido a un cord\u00f3n umbilical ps\u00edquico del que no ha comenzado a separarse, como har\u00e1 luego en la mocedad. El mundo del ni\u00f1o, salvo casos extremos, est\u00e1 colmado de evidencias rocosas. Todo es tal como aparece y todo est\u00e1 habitado por fuerzas m\u00e1gicas. En \u00e9l Psique y Soma no se han separado. Si rie , rie con todo su ser. Si llora, lo hace tambi\u00e9n con todo su ser. Como el animal, est\u00e1 siempre presente donde est\u00e1, tanto si se trata de la realidad m\u00e1s inmediata como de las fantas\u00edas m\u00e1s disparatadas. El mundo, por decirlo as\u00ed, lo reclama y lo absorbe por entero. De ah\u00ed que en innumerables ocasiones, embebido en el juego, permanezca sordo a las voces y requerimientos de los padres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ni\u00f1o, desde el nacimiento, es un ser aureolado. Irradia luz como todo ser no resquebrajado por la duda. \u00abSi el sol dudara un momento se apagar\u00eda\u00bb, escribi\u00f3 William Blake. Ellos, soles diminutos, no est\u00e1n carcomidos por la duda, no han sido expulsados del para\u00edso; pese a que, en ocasiones, puedan experimentar,\u00a1 y con cuanta intensidad! , el desamparo y el abandono, que los destierra del mundo conocido , y cuya herida cicatriza rauda con la presencia de los seres queridos u objetos t\u00f3tem que los evoquen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay dos juegos infantiles que suscitan mi asombro: el juego del escondite y el del rescate. Dos juegos inici\u00e1ticos. A trav\u00e9s del primero el ni\u00f1o aprende a ocultarse de la mirada de los otros. C\u00f3mo har\u00e1 m\u00e1s tarde el joven y el adulto sin servirse de refugio alguno. Pues una vez formada la \u00bb coraza del car\u00e1cter\u00bb no es preciso cobijarse tras objeto alguno. El juego del rescate, por su parte, lo inicia en esa dial\u00e9ctica de preso y liberador que lo acompa\u00f1ar\u00e1 a lo largo de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de sentirse extra\u00f1o al contemplarse en el espejo, de descubrir la muerte, siquiera sea en  met\u00e1fora del viaje, o de experimentar esa exaltaci\u00f3n lacerante del \u00bb primer amor\u00bb; hay un momento en donde la infancia comienza a resquebrajarse y se produce una dolorosa e irrevocable escisi\u00f3n interna. Se trata de la primera mentira. Con ella se agrieta por vez primera el esp\u00edritu y  comienza a traspasar el umbral , junto a lo anteriormente mencionado, que conducir\u00e1 inexorablemente a la mocedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">.    Javier Estang\u00fci Ortega<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bb Todo nacimiento es hijo de una separaci\u00f3n\u00bb, escribe Hans Blumenberg. Mas esa separaci\u00f3n tan solo es f\u00edsica. 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